martes, 16 de junio de 2026

Isidoro Candel: el artesano que me enseñó a cincelar el futuro de la infancia

El encuentro que definió un camino

Existen momentos en la vida que funcionan como un "andamio" invisible, sosteniendo aquello que seremos años después. Para mí, ese momento ocurrió en mi pueblo, al terminar mis estudios de psicología. Siguiendo el consejo de un buen amigo, llamé a la puerta de quien ya era una leyenda viva en nuestra profesión: Isidoro Candel Gil.

 

Recuerdo aquella primera entrevista en su casa. No encontré a un académico distante, sino a un hombre de mirada limpia y voz pausada, cuya disposición inmediata a ayudarme transformó mi vértigo de recién graduado en ilusión profesional. Aquel día, Isidoro no solo me ofreció consejos y material práctico; me ofreció su nombre como llave. Un nombre que, al pronunciarlo, abría puertas de par en par. Isidoro fue quien me abrió las puertas de la profesión, dándome la confianza necesaria para transitar un camino que apenas empezaba a vislumbrar. Hoy, al celebrar el Día de la Atención Temprana, no puedo sino empezar agradeciendo al mentor que me enseñó que la psicología, antes que ciencia, es cercanía.

 

Del Candil a la Bombilla: una revolución en la mirada

La Atención Temprana en España tiene un antes y un después de figuras como Isidoro. Durante años, la intervención con niños con dificultades de desarrollo se movía en la penumbra de un modelo puramente clínico y asistencial —lo que yo llamo el "candil"—, donde el niño era visto como un paciente aislado en un entorno que poco entendía de sus necesidades.

 

Isidoro fue una pieza clave en el encendido de la "bombilla" que iluminó un nuevo paradigma: el Modelo Centrado en la Familia. Como uno de los pilares del Libro Blanco de la Atención Temprana, ayudó a establecer que el verdadero "cincel" del cambio no está solo en las manos del terapeuta, sino en el día a día de los padres y en la calidad de su entorno. Aprendimos, gracias a su magisterio, que intervenir a tiempo no es solo aplicar protocolos; es dotar de herramientas a la "tribu" para que el niño crezca en un ambiente de competencia y amor.

 

La Sinergia Exponencial: el factor humano

Como psicólogo, siempre he rechazado el determinismo matemático en lo humano. En la materia, 2+2=4; pero en el espíritu y en la tribu, la sinergia y el amor hacen que la suma sea siempre exponencial e impredecible. Isidoro personifica esta creencia.

Nuestra relación es la prueba viva de que la sinergia entre personas es posible más allá de las ideas. Isidoro y yo tenemos formas de pensar y de transitar por la vida totalmente diferentes; sin embargo, por encima de las convicciones intelectuales, siempre nos hemos entendido de maravilla. Esta "sinergia de las diferencias" nos ha enseñado que el respeto profundo y la apertura recíproca son los verdaderos termómetros de la madurez humana. Su aportación al ámbito de la discapacidad, especialmente en el Síndrome de Down, ha sido revolucionaria no solo por la técnica, sino por su capacidad de dotar de alma a cada proyecto. Ha impulsado el mundo asociativo involucrándose hasta los cimientos, transformando colectivos en familias.

 

Magisterio y Amistad: el aula y la vida

Nuestros caminos volvieron a cruzarse en la Universidad de Murcia. Allí, como profesor asociado, Isidoro no solo transmitía conocimientos técnicos; transmitía una forma de estar en el mundo. Consiguió algo que solo los grandes maestros logran: crear un grupo de amigos profesores que, años después, seguimos compartiendo vida y reflexiones.

 

Es un "amigo de sus amigos auténticos". En la universidad, sus alumnos no solo aprendían sobre hitos del desarrollo; aprendían sobre ética, sobre la importancia de la escucha y sobre cómo una disposición generosa puede cambiar la trayectoria de una familia angustiada por un diagnóstico. Para mí, ha sido mucho más que un colega; ha sido un referente que, en los momentos de vulnerabilidad, ha sostenido mi propio "andamio" emocional con una lealtad que no entiende de años ni de distancias.

 

Conclusión: un legado que se celebra hoy

Hoy, en el Día de la Atención Temprana, celebramos la prevención, la detección precoz y la intervención de calidad. Pero, sobre todo, celebramos a las personas que, como Isidoro Candel, han hecho de su vida un servicio a la autonomía de los más pequeños. Su legado en mi pueblo y en toda España es ese andamio social que permite que miles de niños miren al futuro con esperanza.

 

Gracias, Isidoro, por abrirme la puerta aquel día y por seguir enseñándome que, en psicología, la mejor herramienta siempre será una mirada que comprende y una mano que sostiene.


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