El salón de actos del Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza se convirtió anoche en el escenario de una velada inolvidable donde la emoción, la justicia histórica y el compromiso social se dieron la mano. Coincidiendo con los días luminosos del solsticio de verano, el VI Memorial Mariano Camacho no solo rindió homenaje a la historia local, sino que marcó un hito de refundación de cara al futuro del certamen.
Una secuencia de brillantez y profunda emotividad
El acto comenzó sumergiendo a los asistentes en una atmósfera idónea en el salón gracias a la bienvenida musical del Trío Blue in Dark con Roberto Gimeno JAZZ. Acto seguido, la presidenta del Club Atalaya, María Cano Verdejo, ejerció de maestra de ceremonias abriendo de par en par las puertas de esta casa común, dando paso de forma natural a las palabras de Antonio Balsalobre Martínez, quien firmó una emotiva evocación de la figura de D. Mariano Camacho.
A continuación, se procedió a la lectura del acta del jurado por parte de Carmen Perona Lucas. El premio de esta sexta edición recayó por unanimidad en la obra A vista de crío (Cieza 1963), de Pascual Lucas López, quien recibió el galardón de manos del exrector de la Universidad de Murcia, D. José Antonio Cobacho. La emotiva intervención del premiado precedió a la presentación del libro Memorial 2026, realizada por Fernando Fernández Villa.
La sensibilidad colectiva continuó a flor de piel con la semblanza que Antonio Fernández Ortiz dedicó a Pascual Marín González, seguida de un merecido reconocimiento al Grupo de Literatura La Sierpe y el Laúd, a cargo de José María Rodríguez Santos.
El núcleo de la renovación: Nace la VII Convocatoria y se completa un alma
El verdadero punto de inflexión del acto llegó con el anuncio de la VII Convocatoria del Certamen. Fue el momento en el que el protocolo frío dio paso a una revolución conceptual de gran calado, transformando el espíritu del galardón.
Conrado Navalón Vila fue el encargado de presentar las bases que guiarán esta nueva etapa, expresando ante el auditorio su felicidad por estar en el salón de actos, su casa, compartiendo ese momento. En una intervención cálida y directa al alma, se desveló que las bases dejan de ser un mero trámite administrativo para convertirse en un "buscador de luz". La reforma introduce un giro radical asentado en tres modificaciones esenciales:
De la investigación a la vida: El certamen ya no premiará únicamente monografías o artículos académicos; se abre de par en par a reconocer trayectorias vitales y obras culturales, artísticas o sociales que dejen una huella real en Cieza o en la Región.
El jurado como un observador atento: Se elimina la burocracia competitiva; el jurado observará con sensibilidad el entorno de forma bianual para salir a buscar proactivamente el talento y el compromiso.
El valor de lo simbólico: El premio económico se sustituye por la entrega de una pieza artística original diseñada por un creador local, priorizando la fraternidad sobre lo material.
La incorporación definitiva de Pepe Marín: Estricta justicia humana
El gran hito que define esta nueva era es la denominación oficial del certamen, que a partir de ahora entrelaza de forma definitiva e inseparable los nombres de Mariano Camacho y Pepe Marín.
La Dra. Dña. Francisca Moya del Baño, miembro de la Comisión de Seguimiento del Convenio entre la UMU y el Club Atalaya, ofreció una intervención brillante en la que justificó con rigor y honda sensibilidad la inclusión de Pepe Marín. Sus palabras sirvieron para reafirmar que sumar su nombre no es un mero protocolo, sino un acto de memoria agradecida con el artífice y motor perseverante del certamen y cofundador del club en 1967. Unir sus nombres es, en esencia, "completar un alma" colectiva.
El broche de oro institucional
El cierre de las intervenciones corrió a cargo del exrector de la Universidad de Murcia, D. José Antonio Cobacho, cuyas palabras finales clausuraron el bloque de ponencias de forma magistral y emotiva. Cobacho elogió la sólida alianza entre la universidad y el Club Atalaya y ensalzó el valor del nuevo rumbo del premio, que garantiza que el candil de Mariano y el de Pepe sigan alumbrando juntos el porvenir.
La velada concluyó en su máximo esplendor con la proyección de un emotivo audiovisual en homenaje a D. Mariano Camacho y las notas finales del Trío Blue in Dark, dejando en el salón la certeza de haber asistido al nacimiento de una etapa donde el premio, por encima de todo, honrará la vida puesta al servicio de los demás.








