viernes, 22 de mayo de 2026

Ecos de dignidad en el desierto: crónica y realidad actual de los campamentos saharauis

 

Ayer tarde, la Biblioteca Padre Salmerón de Cieza se convirtió en un espacio de memoria viva, justicia y compromiso. Bajo el amparo del Foro por el Pensamiento y el Diálogo, nos reunimos para escuchar, de primera mano, la realidad actual de un pueblo que se niega a ser invisible: el pueblo saharaui. Conducido por la impecable presentación de Fabián Muñoz Ortega, el acto contó con las valiosas intervenciones de Joaquín Sánchez, quien acababa de regresar de los campamentos, y de Omar Brahim Brahim, delegado saharaui en la Región de Murcia.

 

El espejo del tiempo: la Hamada no cambia

Al escucharlos, no pude evitar que la memoria me llevara de vuelta a las dos ocasiones en que crucé la Hamada argelina para pisar los campamentos de Tinduf, primero en 2006 y luego en 2009. La constatación física de ayer fue demoledora: a pesar de las décadas transcurridas, y de que el tablero geopolítico internacional ha cambiado profundamente por intereses económicos y estratégicos espurios, la situación sobre la arena del desierto sigue siendo idéntica. El tiempo parece haberse congelado cruelmente para miles de familias en una espera impuesta que ya dura cincuenta años.

 

"Mientras el mundo se mueve por conveniencias, el reloj del pueblo saharaui sigue detenido en la arena, suspendido en una eterna espera que desafía a la historia."

 

Las claves de un milagro: organización y soberanía

Sin embargo, frente a esa intemperie política, lo que Joaquín y Omar compartieron con nosotros no fue un relato de derrota, sino una impresionante lección de grandeza humana. ¿Cómo se explica que un pueblo soporte medio siglo de exilio en uno de los lugares más inhóspitos del planeta sin desmoronarse?

La respuesta está en sus andamios colectivos, estructurados como un verdadero país en el exilio:

  • Conciencia de Estado: No son meros refugiados que aguardan asistencia pasiva; son ciudadanos de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

  • Estructura territorial: Los campamentos están perfectamente organizados en wilayas (provincias) y dairas (municipios), manteniendo viva la geografía de su patria usurpada.

  • Gestión comunitaria: Cuentan con un tejido asociativo horizontal, donde los comités —liderados de forma admirable por las mujeres— gestionan de forma ejemplar la salud, la alimentación y la convivencia diaria con un orgullo e integridad inquebrantables.

     

La educación como trinchera y fuerza vital

Quizás la clave de bóveda de su perseverancia e inquebrantable resistencia esté en el valor sagrado que otorgan a la educación. Considerada la base de todo, la escuela en los campamentos es el canal a través del cual se inocula la fuerza vital y la resistencia pacífica. En unas condiciones donde les han arrebatado casi todo lo material, el conocimiento, la identidad y los valores son lo único que nadie les puede quitar. Es una educación que salva a las nuevas generaciones del analfabetismo y, sobre todo, de la frustración destructiva, transformando el dolor en razones universales y compartidas.

 

Llamada urgente a la acción: reconstruir el andamio de la solidaridad

Pero la crónica de lo sucedido ayer en Cieza quedaría incompleta si la dejamos solo en el aplauso a su resiliencia. El debate con el público encendió una chispa necesaria que debe transformarse en una llamada urgente a la acción.

Frente a la fría hipocresía institucional que da la espalda a los derechos del Sáhara Occidental, la sociedad civil española no puede ponerse de perfil. Hoy, el pueblo saharaui se enfrenta a una urgencia tridimensional:

  1. Comprensión: Ante su legítima y justa causa histórica.

  2. Solidaridad política: Para romper el aislamiento internacional.

  3. Recursos materiales: De manera muy pragmática, para subsistir con dignidad frente al desabastecimiento actual.

 

Para movilizar todo esto, es vital recuperar la movilización social a través de un movimiento asociativo  fuerte, estable y coordinado. Es una llamada directa a reconstruir el tejido social en cada pueblo, en cada barrio de Cieza.

 

Pero es, muy especialmente, una interpelación a quienes tuvimos un protagonismo especial en el fomento de la solidaridad organizada hace años: es hora de que la veteranía, la memoria histórica y la experiencia asociativa vuelvan a dar un paso al frente para reimpulsar este movimiento, aportando el andamio necesario para que las nuevas generaciones recojan el testigo.

 

El pueblo saharaui resiste sobre la arena enseñándonos el verdadero significado de la palabra dignidad. A nosotros nos toca responder desde la cercanía de nuestras plazas y asociaciones, demostrando que la solidaridad real no entiende de olvidos geopolíticos.


miércoles, 20 de mayo de 2026

(1) El Cincel del Sentido: La celda hiperconectada

 

Este artículo inaugura la serie semanal y con numeración correlativa El Cincel del Sentido, un espacio de co-creación con cada uno de vosotros que formará el próximo manual sobre la Psicología de la Adversidad, cuya publicación está prevista para este próximo fin de año. Cada miércoles abriremos el Taller —el espacio íntimo de tu alma— para desgranar los pilares de la resiliencia y transformar la crisis en una escultura de Sentido.

I. El seísmo de actualidad: la paradoja de la red llena y las almas vacías

Asomarse hoy a las pantallas de cualquier dispositivo móvil es contemplar un tráfico incesante de notificaciones, "me gusta" y mensajes instantáneos. Vivimos en la era con más autopistas de comunicación de la historia humana. Sin embargo, detrás del brillo de los cristales, la realidad fáctica nos arroja una verdad descarnada: los índices de soledad no deseada y aislamiento privado están batiendo récords históricos. ¿Cómo es posible que estando más conectados que nunca, tantas personas se vayan a la cama sintiendo que navegan en una balsa solitaria en mitad del océano?


La respuesta no es un misterio poético; es una encrucijada de diseño. Hemos confundido el simple contacto con la presencia real y el ruido digital con el apoyo emocional que nos sostiene. Cuando el sufrimiento o la incertidumbre irrumpen en una vida, la primera reacción automática de supervivencia es el repliegue. Escondemos la herida por miedo a romper la estética impecable que exige la red social y transformamos nuestro espacio privado en cuatro paredes oscuras. Vivimos la crisis en un trance privado, creyendo falsamente que el dolor nos aísla del resto de la tribu.


II. La Bombilla: desnudando la mecánica de la fatiga mental

Para entender qué nos ocurre, hay que quitarle la barba a la teoría y encender la bombilla de la neuropsicología básica. El procesador de nuestro cerebro —lo que los científicos llamamos la Memoria de Trabajo— tiene un límite físico inalterable. No puede gestionar infinitas variables a la vez. Cuando nos enfrentamos a una adversidad severa (sea una fatiga biológica, una crisis familiar o la incertidumbre del mañana), ese "ancho de banda" mental se satura por completo. La mente se colapsa intentando procesar el impacto y defenderse del miedo.


Es aquí donde la autoayuda convencional comete su mayor irresponsabilidad al pedirle a quien sufre que "tenga fuerza de voluntad" y se cure solo. La psicología científica nos demuestra lo contrario: el aislamiento cronifica el daño porque obliga a una mente agotada a cargar en solitario con el peso de toda la piedra.


El apoyo de la red social no es un mero adorno biempensante o un consuelo emocional; es una necesidad mecánica de transferencia de cargas. Necesitamos lo que en mi Modelo Psicológico de la Adversidad (el arte de esculpir el Sentido) denomino el Vector del Andamio. Cuando abrimos las puertas de esas cuatro paredes y sacamos el trance privado a la visibilidad social de la plaza, ocurre un traspaso de fuerzas. La tribu asume las tareas de intendencia, logística y acompañamiento puro, actuando como un verdadero disco duro externo. Al descargar el peso de los niveles inferiores, se libera el ancho de banda de tu corteza prefrontal, permitiendo al fin que el escultor recupere la calma y la dirección de su cincel.

III. El Candil: el triunfo de la tribu

Escribo esto mientras veo cómo transcurre la vida con calma. Aquí, entre el olor a historia de las calles y un café compartido sin prisas, uno entiende que el ser humano es, por naturaleza, un ser social y que eso implica una profunda necesidad de sinergia (el poder del nosotros). Si aplicamos la lógica estricta de las matemáticas o la física, la adversidad funciona como una suma simple e implacable: dos unidades de dolor más dos de silencio siempre resultan en un cuatro exacto de aislamiento y derrota.


Pero en el territorio del espíritu humano y el amor de la tribu, la ecuación se quiebra de forma milagrosa. Cuando el "yo enfermo o asustado" se atreve a pronunciar su palabra y se disuelve en un "nosotros resilientes", la suma se vuelve exponencial: 2 + 2 se convierten en 5. Ese "uno" de superávit, ese residuo impredecible que desafía a la lógica de la materia y de la enfermedad, es netamente el Sentido. No dejes que la pantalla sean tus cuatro paredes. Convierte tu vulnerabilidad en el umbral que convoque a tu tribu.

IV. La Llamada de interacción: entremos juntos al taller

Este artículo no es una lección cerrada; es un andamio que necesita tu cincel para completarse. Te invito a que dejes el rol de espectador y compartas tu experiencia en los comentarios, respondiendo a estas tres cuestiones sencillas:

  1. ¿Cuál es la piedra o el límite que hoy satura tu ancho de banda mental? (Nombrar la resistencia es el primer paso para restarle poder).

  2. Al mirarte al espejo del taller actual, ¿te sientes la piedra deformada por los acontecimientos o empiezas a sostener la dirección del golpe?

  3. ¿Quiénes forman hoy ese andamio imprescindible en tu vida que consigue que tus matemáticas sumen 5?

Te leo con ateción. Pasemos de la red que aísla a la palabra que libera.


miércoles, 13 de mayo de 2026

El Museo de Siyâsa: 27 años cincelando la memoria de Cieza


Hay proyectos que nacen de la tierra y otros que nacen del espíritu. El Museo de Siyâsa, que este mes de mayo celebra su 27º aniversario, es el resultado de la suma de ambos. Desde que abriera sus puertas en 1999, este espacio no solo se ha convertido en el custodio de nuestro pasado medieval, sino en el corazón donde late la identidad histórica de Cieza.

Hablar del museo es, necesariamente, hablar de una visión compartida. Resulta imposible entender la magnitud de lo que hoy contemplamos sin la figura de Joaquín Salmerón. Su dirección técnica y científica ha sido el andamio sobre el que se ha construido un proyecto de excelencia, pero él mismo sería el primero en señalar que este éxito no es solitario. La verdadera fuerza motriz ha sido la "tribu" de voluntarios que, década tras década, se han manchado las manos de tierra en el cerro del Castillo para rescatar del olvido la espléndida Medina Siyâsa.

Esa sinergia entre el rigor profesional y la entrega generosa de la ciudadanía ha obrado un milagro que hoy es reconocido más allá de nuestras fronteras. Es una afirmación rotunda y contrastada: el Museo de Siyâsa es un referente regional, nacional e internacional.

  • En la Región de Murcia, se alza como el gran intérprete del mundo andalusí.

  • A nivel nacional, sus reconstrucciones a escala real de las viviendas almohades son un hito de la museografía inmersiva.

  • Internacionalmente, su prestigio atrae a investigadores que ven en las yeserías y en el trazado de nuestras calles excavadas una ventana única a la vida cotidiana de los siglos XII y XIII.

Caminar por sus salas no es solo visitar una exposición; es un ejercicio de reconocimiento. Al observar los arcos recreados y las piezas recuperadas, uno comprende que el patrimonio no es algo estático guardado en vitrinas, sino un ente vivo que nos recuerda quiénes somos. El museo es la prueba de que, cuando la ciencia y la implicación social caminan de la mano, lo local se vuelve universal.

Al cumplir casi tres décadas, el Museo de Siyâsa nos invita a seguir mirando al cerro con orgullo. Es el monumento a un esfuerzo colectivo que ha logrado que la historia de Cieza, mi pueblo, brille con luz propia en el mapa de la cultura europea.

lunes, 11 de mayo de 2026

El eco eterno de Paco "Jawars"


 El umbral de una noche inolvidable

Hay jornadas en las que el cronómetro biológico parece ponerse de acuerdo con el espíritu para darnos una tregua. Ayer tarde, en el interior del Auditorio Gabriel Celaya, se respiraba ese aire de las grandes ocasiones; no por la pomposidad del evento, sino por la densidad del afecto que flotaba en el ambiente. Cruzar el umbral del auditorio fue entrar en un espacio donde el tiempo, tal y como lo conocemos en nuestra rutina apresurada, decidió detenerse.

Asistimos al homenaje de Francisco López Herrera, nuestro querido Paco "Jawars", y lo que allí ocurrió fue una lección magistral de cómo una vida dedicada a la creación y a la bondad puede transformar la realidad de toda una comunidad.

La sinergia de la música: un alma en mil pedazos

Paco no fue solo un músico; fue un gestor de ilusiones, un arquitecto de grupos humanos que ayer se dieron cita para devolverle un poco de lo mucho que él sembró. La estructura del programa fue un reflejo fiel de su poliédrica personalidad.

Comenzar con la Orquesta de Jóvenes de la Región de Murcia y la Agrupación de violines del Cristo de la Agonía fue el reconocimiento a la base, al estudio y a la disciplina que Paco siempre respetó. La Serenata Nocturna de Mozart llenó el recinto de una armonía que preparó el terreno para lo que estaba por venir. Ver a esos músicos —aquellos que fueron jóvenes alumnos y que hoy, con la maestría de los años, conservan un alma vibrante y jovial— es entender que la semilla que Paco ayudó a plantar  ha dado árboles robustos que se niegan a envejecer por dentro.

Pero la música de Paco también bebía de la tierra y de la púa. La Rondalla Cuarentuna nos trajo la calidez de lo nuestro. Es fascinante analizar desde la psicología social cómo grupos tan distintos pueden sentir a la misma persona como su "alma mater". Paco tenía esa capacidad de transitar entre lo académico y lo popular sin perder un ápice de autenticidad.

"Los de siempre" y el sonido de una época

Cuando llegó el turno de Los de siempre y, por supuesto, de Los Jawhars, el auditorio experimentó un fenómeno de regresión colectiva positiva. Escuchar temas como Agueda o Zapatos es realizar un viaje al ADN de nuestra juventud. Paco fue un pionero. En los años 60, cuando todo estaba por hacer, él decidió que en nuestro pueblo se podía hacer pop de vanguardia.

Él no solo componía canciones; creaba himnos que se pegaban a la piel de los ciezanos. Ayer, esos grupos no se limitaron a tocar; pusieron el alma en cada nota. La vibración era distinta. Se sentía que cada acorde era una caricia al recuerdo de un amigo que, aunque físicamente ausente, dominaba el escenario desde cada rincón de la memoria de sus compañeros. El escenario se convirtió en un nexo entre el pasado glorioso de las guitarras eléctricas y el presente lleno de respeto.

La neurociencia de la bondad: "Hacer bueno lo que te rodea"

Uno de los momentos más profundos de la velada llegó con la palabra. Las intervenciones de sus hijas fueron mucho más que un discurso de agradecimiento; fueron una radiografía humana que debería hacernos reflexionar a todos. Una de ellas pronunció una frase que es la clave de bóveda de este artículo: "Mi padre hacía bueno todo lo que le rodeaba".

Desde la neurociencia, sabemos que existen las llamadas "personas vitamina" o catalizadores emocionales. Son individuos cuyos circuitos neuronales parecen estar configurados para la empatía y la construcción. Paco era un maestro en el arte de la sinergia. Mientras que en la materia 2+2=4, en el espíritu de Paco, la suma de talentos siempre resultaba en algo exponencial e impredecible. No se limitaba a ser un buen padre o un buen músico; su mera presencia elevaba el estándar ético y creativo de su entorno. Lograba que los demás se sintieran mejores artistas y, sobre todo, mejores personas. Esa es la verdadera "magia" que no se aprende en los libros, sino que se cultiva en el alma y se expande a la tribu.

El instante donde el tiempo se detiene

Siempre he defendido que el tiempo es una construcción subjetiva. Ayer, para la gran mayoría del público que abarrotaba el auditorio, hubo momentos de suspensión absoluta. Es lo que en psicología llamamos "estado de flujo" colectivo. Ocurre cuando la belleza es tan pura y la intención tan honesta que el cerebro deja de procesar el pasado y el futuro para anclarse en un presente eterno.

Ese silencio sepulcral roto solo por una guitarra, esa lágrima contenida que se comparte con el de al lado, ese vello de punta... son indicadores de que estábamos viviendo algo sagrado. En un mundo hiperconectado y ruidoso, Paco consiguió que un auditorio entero desconectara del ruido exterior para conectar con lo esencial: el amor y la gratitud.

La continuidad: los nietos y el círculo de la vida

La intervención final de dos de los nietos de Paco sobre el escenario fue el broche de oro que dio sentido a todo el homenaje. Ver a la nueva generación empuñar el instrumento con esa seguridad y ese respeto es la prueba de que el legado de Paco está a salvo. No hay determinismo que valga cuando la educación se da a través del amor y el ejemplo. La música no murió con Paco; simplemente ha cambiado de manos para seguir resonando en los corazones de Cieza.

Esa imagen de los nietos participando en la última pieza es el mensaje más potente que podemos llevarnos: somos lo que dejamos en los demás. Y Paco dejó un rastro de luz tan potente que ni siquiera su partida puede apagarlo.

Conclusión: la tribu que honra a sus maestros

Cieza demostró ayer que es una tribu que sabe cuidar y reconocer a sus referentes. No fue un acto de tristeza, sino una celebración de una vida que se expandió más allá de sus propios límites. Salimos del auditorio con la sensación de que el mundo es un lugar un poco mejor porque personas como Paco "Jawars" caminaron por él.

Gracias, Paco, por tu guitarra, por tu sonrisa y por habernos enseñado que la sinergia y el amor son las únicas fuerzas capaces de detener el tiempo. Tu eco seguirá resonando en cada rincón, recordándonos que, al final del día, lo único que queda es la bondad con la que tratamos a los que nos rodean.


sábado, 9 de mayo de 2026

El arte de volver a nacer: una carta abierta a la esperanza

Este artículo no es una crónica al uso; es una carta abierta nacida de la reflexión profunda tras escuchar los testimonios del video: “Enfrentar la adversidad: ¿trance privado o visibilidad social?”. En este encuentro, celebrado en Cieza el jueves 7 de mayo, voces como las de Matías, Pepe, Jesús y otros compañeros como Miriam y Fabian se unieron para transformar su experiencia con la enfermedad y la discapacidad en una lección de vida colectiva.

Si sientes que el suelo se mueve bajo tus pies, esta carta es para ti.


 

=====================

Querido amigo, querida amiga:

Te escribo porque sé que, en este momento, la vida te está obligando a mirar de frente a un espejo que no elegiste. A veces, la adversidad llega como un estruendo; otras, como un susurro que lo cambia todo. Tras escuchar a este grupo de personas en el foro de Cieza, me he dado cuenta de que, aunque sus historias son diferentes, todas convergen en una misma necesidad: la de ser comprendidos.

Me gustaría dirigirme a ti, según donde te encuentres hoy:

A ti, que acabas de recibir un diagnóstico o una noticia que te ha dejado sin aliento:

Sé que sientes que el mundo se ha detenido mientras los demás siguen caminando. Quizá tengas miedo de que "esto" defina quién eres para siempre. Pero quiero que veas que no estás solo. Escuchar a quienes ya han transitado esa primera niebla te ayudará a entender que el diagnóstico es solo una circunstancia, no tu identidad. No tienes que ser un "guerrero" hoy; solo necesitas saber que se puede volver a ser dueño de tus decisiones y que, incluso con una "bolsa", un dolor crónico o un temblor, se puede seguir siendo el capitán de tu alma.

A ti, que cuidas y acompañas con el corazón en un puño:

A veces el silencio de tu ser querido te duele más que el tuyo propio. Quieres arreglar lo que no tiene solución inmediata y eso te agota. En las vivencias de este encuentro descubrirás que, a menudo, tu mayor regalo no es dar consejos, sino simplemente estar. Respetar el tiempo de silencio del otro y ofrecer una "tribu" donde no se juzgue es el andamiaje más sólido que puedes construir. No lleves tú toda la carga; permítete también ser sostenido.

A ti, que vistes bata blanca o uniforme sanitario:

Tú ves la enfermedad cada día, pero quizá hace tiempo que no escuchas el eco que dejan tus palabras cuando sales de la consulta. Esta carta es una invitación a recordar que detrás de cada historial clínico hay una biografía. Escuchar la "voz del paciente" te recordará que tu humanidad es tan curativa como tu técnica. Te ayudará a entender que comunicar una mala noticia con empatía es, en realidad, el primer acto de cuidado de un largo camino.

A ti, que tienes la responsabilidad de gestionar y decidir por otros:

A menudo las cifras ocultan los rostros. Te invito a asomarte a estas voces para que comprendas que un baño adaptado, una rampa o una ayuda a tiempo no son "gastos", sino derechos humanos básicos. Estas personas te dan la respuesta que no está en los informes de gestión: el sistema debe ser el suelo firme que nos sujete a todos cuando las piernas nos fallen.

Y a ti, que simplemente sientes que has perdido el sentido de todo:

No hace falta una enfermedad física para sentir que la vida se ha vuelto gris. Si estás en una crisis de identidad, estas personas son tus maestros. Te enseñan que cuando el plan A se rompe, el alfabeto tiene muchas más letras. Nos demuestran que la sinergia y el amor hacen que la suma de nuestras debilidades sea una fuerza exponencial e impredecible.

No te pido un optimismo ciego. Te pido la valentía de compartir. La adversidad, cuando se vive en comunidad, deja de ser un muro para convertirse en un puente.

Como bien sabemos la vida es un valle que construimos nosotros cada día. Si hoy te faltan fuerzas, asómate a la ventana de estas experiencias. Quizá descubras que tú también tienes pinturas guardadas para empezar a darle color a tu nuevo paisaje.






viernes, 8 de mayo de 2026

El sentido de la adversidad: del mazazo vital a la consciencia colectiva

 

Ayer, mientras me sentaba a la mesa en la Biblioteca Padre Salmerón de Cieza, sentí una satisfacción que trascendía lo personal. Fuera, el cielo amenazaba lluvia y las calles daban la batalla diaria contra la falta de aparcamiento. Sin embargo, al levantar la vista, me encontré con una sala absolutamente llena. Y lo que fue más significativo: no faltó ni uno solo de los integrantes de la mesa, a pesar de que algunos de ellos venían de otros puntos de la región. Este acto, organizado por el , Foro por el Pensamiento y el Diálogo en colaboración con la Fundación Los Álamos del Valle de Ricote, fue desde su inicio un mensaje rotundo de compromiso.

El Impacto de lo Inesperado

La adversidad siempre llega por sorpresa. Nadie la espera, y mucho menos creemos, ni por asomo, que nos pueda pasar a nosotros. Vivimos con la falsa seguridad de la invulnerabilidad hasta que, de repente, la noticia actúa como un auténtico mazazo vital. Ese golpe seco nos deja desorientados, rompiendo nuestros esquemas y obligándonos a enfrentarnos a una realidad que nunca habríamos elegido y que no creíamos posible para nosotros.


Aceptar ese diagnóstico es un proceso largo, duro y profundamente humano por el que todos tenemos que pasar. En la mesa defendimos que el silencio inicial es éticamente legítimo y respetable. Sin embargo, también compartimos la convicción de que, tras ese primer impacto, pasar del dolor mudo al relato con sentido es una herramienta de salud pública. Ponerle nombre a la adversidad es lo que nos permite empezar a reconstruirnos.

Un lujo de testimonios vitalistas

Participar como ponente en este encuentro fue un lujo absoluto. Escuchar a mis compañeros de mesa y ver cómo, a pesar de la dureza de sus historias, el mensaje era de un vitalismo arrollador, resultó reconfortante. Sentir la ovación cerrada del público tras cada intervención nos confirmó una sintonía especial: la complicidad de quien se sabe parte de una misma realidad.

La adversidad tiene el poder de transformar la personalidad individual. No se trata solo de añadir profundidad a la existencia, sino de dar sentido a la vida. El desafío nos obliga a valorar cada detalle de una forma diferente, creando una personalidad nueva que sabe distinguir lo esencial de lo accesorio. Mi convicción es que, al verbalizar nuestra historia en un relato, logramos ser plenamente conscientes de quiénes somos precisamente gracias a ese camino.

La red que nos sostiene

Nadie sale de ese "mazazo vital" solo. En la mesa pusimos en valor el papel capital de asociaciones como APENCI y la AECC, que son el apoyo imprescindible para romper el aislamiento. Al compartir la adversidad, nos damos cuenta de que no somos los únicos y ganamos perspectiva; incluso descubrimos que hay situaciones mucho más graves que la nuestra, lo que nos ayuda a recalibrar nuestro propio peso.

En este contexto, valoramos también muy positivamente la respuesta del sistema de Seguridad Social como garante de nuestros derechos. Creo que nuestra sociedad ha dado un paso de gigante; hay un cambio de mentalidad colectiva basado en la solidaridad, la integración plena y el respeto por las diferencias individuales.

De la pena a la admiración

Al terminar el acto, no se respiraba pena, sino una profunda admiración por el paso dado por cada ponente. Los relatos personales, al hacerse visibles, se convirtieron en referentes de cómo afrontar lo difícil. La intervención final de los técnicos de APENCI y de AECC fue, sin duda, el broche de oro que cerró el acto, aportando la visión técnica y humana necesaria para completar el círculo.

A quienes no pudisteis estar en la Biblioteca, os diría que la vida es dura y el golpe del diagnóstico es amargo, pero nuestra actitud es determinante. Al compartirlo, el dolor deja de ser un lastre y se convierte en un activo de esperanza para toda la comunidad.