domingo, 28 de junio de 2026

El florecimiento de un sueño: excelencia, afecto y futuro en la Fundación los Álamos del Valle de Ricote

El devenir de las instituciones que nacen verdaderamente del alma depende, de manera inequívoca, de la lealtad inquebrantable a sus raíces y de la valentía serena para abrazar los nuevos tiempos. En estos momentos precisos en los que se acaba de materializar una profunda, meditada y consensuada renovación en el patronato de la Fundación los Alamos del Valle de Ricote, me invade un sentimiento de profunda y auténtica felicidad. No se trata, en absoluto, de una felicidad teñida de nostalgia o de melancolía por el tiempo que queda atrás; al contrario, es una alegría desbordante, repleta de paz y de un optimismo contagioso. Es la felicidad inmensa de constatar que los proyectos que se siembran con amor, con una ética compartida y con valores universales están destinados a perdurar en el tiempo, renovándose con una lógica aplastante y una brillantez absoluta.


Una simbiosis mágica nacida en Dinamarca

Mi vinculación con esta casa no es un mero compromiso institucional; es un hilo vital, una veta afectiva e intelectual que define y vertebra gran parte de mi trayectoria vital. Estoy presente en la fundación desde el mismo instante primigenio en que fue creada por José Luis Pardos, un hombre excepcional, de una altura diplomática y humana fuera de lo común, quien confió en mí plenamente, depositando en mi persona una fe ciega desde el primer momento y manteniéndola intacta hasta el final de sus días.


Nuestra historia compartida, sin embargo, hunde sus raíces mucho más atrás en el tiempo. Muchos años antes de que la fundación fuera siquiera una estructura jurídica, y sin conocernos previamente en el plano personal, José Luis tuvo la generosidad de invitarme a Dinamarca, país donde por aquel entonces ejercía con maestría como embajador de España. El motivo formal era celebrar el día de nuestra patria, y hacia allí partimos un amplio y entusiasta grupo de murcianos. En aquel encuentro providencial, al abrigo de los paisajes nórdicos y lejos de nuestra querida tierra, se encendió la chispa. Allí nació una profunda e imperecedera amistad, y comenzó a gestarse un sueño común. Existió entre nosotros, desde ese primer viaje, una simbiosis total, fecunda y mágica; yo también soñé con él, asimilé su visión cosmopolita y comprendí las posibilidades infinitas de desarrollo cultural y humano que podíamos proyectar.


La fuerza fundacional: un grupo de amigos compartiendo el mismo sueño

Uno de los mayores y más clarividentes aciertos de José Luis Pardos fue, sin duda, su extraordinaria capacidad para convocar y reunir en la etapa de gestación de la fundación a un grupo de personas verdaderamente especiales. Aquellos patronos iniciales no fuimos elegidos al azar ni por meros compromisos formales. Con todos ellos he mantenido y mantengo una relación humana y personal que va muchísimo más allá de lo estrictamente profesional o corporativo.


Los vínculos afectivos, el respeto mutuo y la fraternidad que se establecieron entre todos los miembros de aquel patronato fundacional constituyen, a mi juicio, uno de los principales y más valiosos activos de nuestra institución. No éramos un consejo de administración frío; éramos, ante todo, un grupo de verdaderos amigos. Trabajamos codo con codo junto a José Luis, impulsados por una inmensa ilusión, compartiendo un mismo anhelo, una misma sensibilidad hacia el territorio y unos mismos valores humanistas. Compartíamos el mismo sueño. Tras años de intensa complicidad y de construcción conjunta en esa hermosa etapa inicial, asumí la vicepresidencia de la institución y, finalmente, antes de su dolorosa partida, José Luis me confió el testigo más sagrado y de mayor responsabilidad: la presidencia de la fundación, consolidando así una vida de lealtad mutua.


Una renovación unánime cimentada en la excelencia

Por todo este bagaje, contemplar el rumbo que hoy toma la fundación no hace sino llenarme de un legítimo orgullo y de una tranquilidad absoluta. La reciente renovación de nuestro patronato, aprobada por la más absoluta unanimidad de todos sus miembros, es un acto de una coherencia institucional impecable y, por encima de todo, un paso natural y plenamente deseado por mí. Las instituciones vivas deben mudar su piel para seguir creciendo, y esta nueva etapa se ha cimentado sobre el único pilar que garantiza la trascendencia y el respeto al legado recibido: la excelencia.


La incorporación al patronato de Joaquín Salmerón Juan y de Míriam Salinas Guirao, elegidos asimismo por unanimidad para desempeñar los cargos de presidente y secretaria respectivamente, constituye una decisión de un acierto indiscutible. Es un triunfo de la cordura y del talento que va mucho más allá de la profunda amistad, el cariño y la rendida admiración personal que legítimamente siento por ambos. Sus currículos y sus trayectorias públicas y profesionales son de una claridad meridiana y demuestran, con datos objetivos, que son las personas idóneas para liderar este porvenir.


Joaquín Salmerón Juan: veteranía y gestión sagrada del patrimonio

El perfil de Joaquín Salmerón Juan al frente de la presidencia aporta una veteranía consagrada, un rigor metodológico y un conocimiento del entramado cultural y patrimonial del Valle de Ricote que muy pocos profesionales poseen en nuestra Región. Licenciado en Historia Antigua y Arqueología por la Universidad de Murcia, Joaquín es una figura institucional de un prestigio ampliamente reconocido, desempeñando la dirección del Servicio de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Cieza desde abril de 1987 y la dirección del Museo de Siyâsa desde mayo de 1999.


Su liderazgo científico ha quedado acreditado al presidir el Comité Científico y Organizador de los III y IV Congresos Internacionales del Valle de Ricote. Académico correspondiente de la Real Academia de Alfonso X el Sabio y director de más de 60 campañas de excavaciones y prospecciones arqueológicas, su labor docente y divulgadora trasciende el ámbito regional, habiendo sido conferenciante internacional en Buenos Aires y profesor en el magister de "Gestión del Patrimonio Cultural" de la Universidad Complutense de Madrid, así como codirector de cursos de la Universidad del Mar. Su trayectoria es la máxima garantía de una gestión patrimonial con un marchamo de calidad internacional.


Míriam Salinas Guirao: rigor científico y maestría en la comunicación

En una complementariedad perfecta y sumamente equilibrada, la secretaría de la fundación queda bajo la responsabilidad de Míriam Salinas Guirao, quien encarna de manera sobresaliente la nueva savia investigadora, el rigor del método científico aplicado a las ciencias sociales y una acreditada maestría en el ámbito de la comunicación. Graduada en Periodismo y poseedora de un Máster en Liderazgo Político y Social por la Universidad Carlos III de Madrid, Míriam desarrolla actualmente su labor como investigadora predoctoral en la Universidad de Murcia, donde indaga con brillantez en la historia de la prensa del siglo XIX.


Su excelente capacidad de gestión, organización y liderazgo de equipos ha quedado firmemente demostrada en fechas muy recientes, al coordinar el II Seminario Permanente Internacional 'Comunicación y Sociedad' celebrado en mayo de este mismo año 2026. Además de su experiencia coordinando la comunicación de corporaciones tan relevantes como el Colegio Oficial de Periodistas de la Región de Murcia, Míriam atesora ya una sólida y reconocida producción científica, con capítulos de libros y artículos en revistas internacionales de alto impacto, analizando con rigor sucesos históricos locales e institucionales. Ella aporta la estructura formal, la juventud, el dinamismo y la visión metodológica necesarios para proyectar la fundación hacia los nuevos lenguajes y desafíos de la sociedad del conocimiento.


Una alianza perfecta con la mirada puesta en el porvenir

Esta alianza estratégica entre la veteranía y experiencia consagrada en la gestión de bienes culturales y la capacidad de liderazgo, comunicación y empuje de la nueva investigación dota a la Fundación los Álamos de un horizonte verdaderamente inmejorable. Sé positivamente que van a desarrollar una labor maravillosa y quiero que estas palabras sirvan como testimonio público de que cuentan con todo mi apoyo moral, mi confianza absoluta, mi experiencia acumulada y mi más sincero afecto.


El custodio de la tierra: cuidando la raíz del sueño

Por lo que a mí respecta, este proceso de renovación lejos de apartarme, me permite reubicarme con una alegría inmensa. Sigo y seguiré en la fundación como patrono vocal, pero asumiendo a partir de ahora una responsabilidad muy específica y hermosa que me llena de ilusión: cuidar, supervisar y velar con mimo por todo lo relacionado con la finca.

 

Es un reparto de tareas lleno de poesía y de sentido práctico: mientras Joaquín y Míriam impulsan, gestionan y proyectan la fundación hacia el exterior con su indiscutible excelencia, yo permanezco en el lugar, custodiando la raíz, protegiendo la tierra y preservando el espacio físico y natural que vio nacer y cobijó nuestros sueños compartidos. El espíritu fundacional y el recuerdo de José Luis Pardos siguen plenamente vigentes, el relevo generacional y técnico es impecable, y el futuro de nuestra querida fundación no podría estar en mejores manos.


 

sábado, 27 de junio de 2026

CRÓNICA DE UNA NOCHE HISTÓRICA EN EL CLUB ATALAYA: LA LUZ DE LA MEMORIA Y EL COMPROMISO CON LA VIDA

 

El salón de actos del Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza se convirtió anoche en el escenario de una velada inolvidable donde la emoción, la justicia histórica y el compromiso social se dieron la mano. Coincidiendo con los días luminosos del solsticio de verano, el VI Memorial Mariano Camacho no solo rindió homenaje a la historia local, sino que marcó un hito de refundación de cara al futuro del certamen.

 


Una secuencia de brillantez y profunda emotividad

El acto comenzó sumergiendo a los asistentes en una atmósfera idónea en el salón gracias a la bienvenida musical del Trío Blue in Dark con Roberto Gimeno JAZZ. Acto seguido, la presidenta del Club Atalaya, María Cano Verdejo, ejerció de maestra de ceremonias abriendo de par en par las puertas de esta casa común, dando paso de forma natural a las palabras de Antonio Balsalobre Martínez, quien firmó una emotiva evocación de la figura de D. Mariano Camacho.

 


A continuación, se procedió a la lectura del acta del jurado por parte de Carmen Perona Lucas. El premio de esta sexta edición recayó por unanimidad en la obra A vista de crío (Cieza 1963), de Pascual Lucas López, quien recibió el galardón de manos del exrector de la Universidad de Murcia, D. José Antonio Cobacho. La emotiva intervención del premiado precedió a la presentación del libro Memorial 2026, realizada por Fernando Fernández Villa.

 

La sensibilidad colectiva continuó a flor de piel con la semblanza que Antonio Fernández Ortiz dedicó a Pascual Marín González, seguida de un merecido reconocimiento al Grupo de Literatura La Sierpe y el Laúd, a cargo de José María Rodríguez Santos.

 

El núcleo de la renovación: Nace la VII Convocatoria y se completa un alma

El verdadero punto de inflexión del acto llegó con el anuncio de la VII Convocatoria del Certamen. Fue el momento en el que el protocolo frío dio paso a una revolución conceptual de gran calado, transformando el espíritu del galardón.

 

Conrado Navalón Vila fue el encargado de presentar las bases que guiarán esta nueva etapa, expresando ante el auditorio su felicidad por estar en el salón de actos, su casa, compartiendo ese momento. En una intervención cálida y directa al alma, se desveló que las bases dejan de ser un mero trámite administrativo para convertirse en un "buscador de luz". La reforma introduce un giro radical asentado en tres modificaciones esenciales:

 

  1. De la investigación a la vida: El certamen ya no premiará únicamente monografías o artículos académicos; se abre de par en par a reconocer trayectorias vitales y obras culturales, artísticas o sociales que dejen una huella real en Cieza o en la Región.

  2. El jurado como un observador atento: Se elimina la burocracia competitiva; el jurado observará con sensibilidad el entorno de forma bianual para salir a buscar proactivamente el talento y el compromiso.

  3. El valor de lo simbólico: El premio económico se sustituye por la entrega de una pieza artística original diseñada por un creador local, priorizando la fraternidad sobre lo material.

      

La incorporación definitiva de Pepe Marín: Estricta justicia humana

El gran hito que define esta nueva era es la denominación oficial del certamen, que a partir de ahora entrelaza de forma definitiva e inseparable los nombres de Mariano Camacho y Pepe Marín.

 

La Dra. Dña. Francisca Moya del Baño, miembro de la Comisión de Seguimiento del Convenio entre la UMU y el Club Atalaya, ofreció una intervención brillante en la que justificó con rigor y honda sensibilidad la inclusión de Pepe Marín. Sus palabras sirvieron para reafirmar que sumar su nombre no es un mero protocolo, sino un acto de memoria agradecida con el artífice y motor perseverante del certamen y cofundador del club en 1967. Unir sus nombres es, en esencia, "completar un alma" colectiva.

 


El broche de oro institucional

El cierre de las intervenciones corrió a cargo del exrector de la Universidad de Murcia, D. José Antonio Cobacho, cuyas palabras finales clausuraron el bloque de ponencias de forma magistral y emotiva. Cobacho elogió la sólida alianza entre la universidad y el Club Atalaya y ensalzó el valor del nuevo rumbo del premio, que garantiza que el candil de Mariano y el de Pepe sigan alumbrando juntos el porvenir.

 


La velada concluyó en su máximo esplendor con la proyección de un emotivo audiovisual en homenaje a D. Mariano Camacho y las notas finales del Trío Blue in Dark, dejando en el salón la certeza de haber asistido al nacimiento de una etapa donde el premio, por encima de todo, honrará la vida puesta al servicio de los demás.


miércoles, 24 de junio de 2026

El Cincel del Sentido (6): la resiliencia que se hereda: lo que aprendí de mi Tía Carmen

 

Pasa y acomódate en el taller. Como recojo en mi primer manual, Del candil a la bombilla, la vida no es simplemente lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda para contarlo. Aquel relato fue un descenso a mis raíces; hoy, desde el taller de la madurez, vuelvo la mirada a ese mismo escenario para extraer una lección de alta precisión técnica: cómo la ausencia puede convertirse en una herramienta de construcción existencial


.I. El seísmo de actualidad: la arquitectura de la ausencia


Vivimos en una época que penaliza la pausa y el recuerdo. Se nos exige habitar un presente perpetuo, perfectamente pulido, donde cualquier sombra del pasado parece un lastre. Sin embargo, en el Volumen III de nuestra trilogía, estamos demostrando que la madurez no es olvidar; es seleccionar qué fragmentos de nuestra historia tienen el peso específico necesario para convertirse en cimiento. La ausencia, lejos de ser un vacío que nos debilita, es el espacio donde el Artesano coloca su andamio más firme.


II. La Bombilla: la epigenética de la voluntad


La ciencia actual nos confirma lo que la sabiduría de mi pueblo practicaba por instinto: la biología no es un destino fijo. La epigenética demuestra que nuestra respuesta celular ante la adversidad está modulada por la gestión consciente de nuestra narrativa.


Recordar a mi Tía Carmen no es un ejercicio de nostalgia pasiva. Al evocar su figura —su optimismo en tiempos de escasez—, activo un flujo descendente (top-down) desde mi corteza prefrontal. Mientras el entorno de la postguerra intentaba imponer una narrativa de resignación, ella ejercía una alta dirección sobre su propia biología. Al integrar su memoria en mi estructura actual, estoy modulando mi propia expresión genética, protegiendo mi arquitectura interna de la degradación que impone el ruido social. No es mística; es gestión de flujos.


III. El Candil: el Carrer del Mig y la tía que duplicaba la realidad


A los seis años, mi camino desde la «Casa del Macho» hasta el Carrer del Mig era mucho más que un descenso por un sendero de tierra; era un ritual de iniciación hacia el núcleo del clan materno. Allí, en la cocina de mi abuela Dolores, la figura de mi tía Carmen duplicaba la realidad. Mientras la mirada infantil veía en ella solo una tía cariñosa, la mirada del Artesano identifica hoy un pilar técnico: Carmen era la encarnación de la resiliencia proactiva. Sus besos ruidosos y su risa franca no eran adornos, eran la señal de una identidad construida desde la autonomía.


Esta capacidad para mantenerse inmune a las expectativas ajenas nos remite a la máxima de Paulo Coelho (1988) en El alquimista: "Todo el mundo parece tener una idea clara de cómo otras personas deben llevar sus vidas, pero ninguna sobre cómo vivir la suya propia". Carmen vivió esta máxima con una naturalidad técnica; ella no permitió que el "ruido social" dictara su rango de acción. Al trasladar su "veta" a mi propio andamio, su memoria ya no es ausencia; es una parte fundamental de la arquitectura que sostiene mi presente.  


IV. Ventana interactiva al libro: la destilación del legado


Este artículo es un paso más en la tarea que compartimos cada semana. En el Libro III, "El arte de cincelar la adversidad en la edad adulta" (diciembre 2026), dedicamos un bloque fundamental a detallar los mapas de la "Memoria Resiliente" y a cómo diseñar andamios humanos eficientes. El manual no ofrece recetas mágicas, sino planos de arquitectura mental para aprender a delegar cargas en la tribu y liberar el foco del escultor en mitad de la tormenta biológica.


V. Entremos juntos al taller


El andamio está colocado y el candil encendido. Te invito a dejar tu rol de espectador y a registrar en los comentarios tus propias marcas de cincel:

  1. ¿Qué figura de tu pasado, qué "veta" de tu infancia, sigues utilizando hoy para sostener tu estructura ante la adversidad?

  2. Identifica una enseñanza de tu propia "tribu" que, al aplicarla hoy, te ahorre energía y te devuelva el control de tu narrativa.

  3. ¿Qué parte de tu historia personal estás curando hoy para convertirla en legado en lugar de peso muerto?

Te leo con el mazo en la mano. Pasemos de la queja aislada a la construcción compartida


sábado, 20 de junio de 2026

Crónica de una noche imborrable: el latido colectivo de 'Ecos del Alma' en el Teatro Capitol de Cieza

Hay noches en las que el teatro no es solo un contenedor de butacas y luces, sino un organismo vivo que respira, vibra y se emociona al unísono. Eso fue exactamente lo que ocurrió este viernes 19 de junio en el Teatro Capitol de Cieza con el estreno de 'Ecos del Alma'. Quienes no pudieron asistir se perdieron algo más que un concierto; se perdieron un fenómeno de comunión cultural y humana que tardará mucho tiempo en olvidarse en nuestro pueblo.


 

 Desde los primeros compases, quedó claro que la velada iba a romper moldes. La propuesta era audaz: fusionar la energía pop-rock de RetroPop, la majestuosidad de la Banda Municipal de Cieza —con más de ochenta músicos sobre las tablas— y la profunda sensibilidad de Elvira López como hilo conductor. El riesgo en estos envites es que cada disciplina tire para su terreno, pero el Capitol fue testigo de un milagro artístico: una plena armonía donde los géneros no se solaparon, sino que se abrazaron.

 

La clave del éxito: un protagonismo compartido

Si tuviéramos que buscar el auténtico secreto de lo que hizo mágica esta noche, no lo encontraríamos en la impecable ejecución técnica, sino en un factor humano y psicológico que se percibía en el ambiente: en este acto no hubo un solo protagonista; la clave fue que todos nos sentimos protagonistas. Desaparecieron los egos. El liderazgo se diluyó en una red horizontal donde cada parte alimentaba el brillo de la de al lado:

 

  • Elvira López no solo puso voz y alma, sino que logró el difícil arte de traducir en palabras exactas lo que la música ya estaba transmitiendo, conectando de forma directa con la fibra emocional del patio de butacas.

  • Ginés Martínez, al frente de la Banda Municipal, demostró una apertura y una frescura encomiables, contagiando a sus músicos de una energía desbordante y guiando una simbiosis perfecta con los ritmos modernos.

  • Sergio Turpin y RetroPop aportaron esa complicidad y "feeling" tan característicos, tendiendo un puente precioso hacia la banda y reconociendo en la formación ciezana no solo a unos técnicos brillantes, sino a una auténtica familia que se mira y se respeta en el escenario.

 

Esa horizontalidad se extendió al equipo técnico invisible que sostenía el espectáculo desde la sombra, a los impulsores de la organización y, por supuesto, a un público entregado que dejó de ser mero espectador para convertirse en el latido final del concierto.

 

Una resaca emocional grabada en el alma

Al acabar la función, la sensación flotando en el aire de Cieza era de absoluta plenitud. No es extraño que a la mañana siguiente los propios artistas hablaran de una profunda "resaca emocional". Las valoraciones de los tres pilares de la noche han coincidido, de forma independiente y casi poética, en la misma conclusión: ha sido una noche que se queda grabada en el alma para siempre.

 

'Ecos del Alma' ha demostrado que cuando la cultura se hace desde la generosidad, el respeto mutuo y la sinergia colectiva, el resultado es exponencial e impredecible. Los que no estuvieron ya notan el eco de lo que allí se fraguó; los que tuvieron la suerte de llenar el Capitol guardan ya en su memoria una lección de música, de convivencia y de orgullo local en estado puro.


miércoles, 17 de junio de 2026

El Cincel del Sentido (5): La memoria del candil y el andamio del tiempo

Pasa y acomódate en el taller. Cruza el umbral con calma y deja fuera las prisas del mundo exterior, porque hoy vamos a encender una luz compartida para mirar de frente al mapa de nuestra propia historia y al valor de quienes nos sostienen cuando las fuerzas biológicas flaquean.


I. El seísmo de actualidad: la amnesia del éxito y el aislamiento en la penumbra

Vivimos en una sociedad que padece una especie de amnesia colectiva. Se nos exige habitar un presente perpetuo, perfectamente pulido, rápido y luminoso. En esta carrera por la inmediatez, parece que lo único que cuenta es la última notificación o el rendimiento del día de hoy. Nos empujan a olvidar las vetas de nuestro pasado, como si las marcas de las batallas antiguas no fueran más que imperfecciones que ocultar.


El verdadero peligro de esta prisa cronificada surge cuando irrumpe la adversidad fáctica: un fallo en el equilibrio, el rugido de un dolor en los hombros o el peso de los años. La inercia automática nos invita al repliegue; escondemos la fragilidad entre cuatro paredes oscuras por miedo a no encajar en la estética impecable del mundo exterior. Olvidamos que nadie esculpe su vida en el vacío y en solitario.


II. La Bombilla: la corteza prefrontal como guardiana de nuestra historia

Para desmontar esta trampa del aislamiento, encendamos la bombilla de la neuropsicología de la resiliencia. El procesador central de nuestra mente, gobernado por la corteza prefrontal, posee una herramienta neurocognitiva extraordinaria: la capacidad de activar el Flujo Descendente (Top-Down) utilizando nuestra propia memoria biográfica.

 

Cuando el Flujo Ascendente (Bottom-Up) bombardea nuestro sistema nervioso con señales de alarma, dolor o incertidumbre, la mente tiende a colapsarse y a reducir el ancho de banda atencional al síntoma inmediato. Sin embargo, la planta noble de nuestro cerebro puede acudir a los archivos de la memoria a largo plazo para rescatar los planos de nuestras victorias pasadas. Recordar cómo superamos una crisis anterior, cómo nos adaptamos a un cambio drástico o cómo resistimos un temporal, actúa como un potente fármaco cognitivo. La corteza prefrontal no solo interpreta el dolor presente; reencuadra la dificultad actual recordándole a la biología indomable que el escultor ya sabe lo que es trabajar con roca dura.


III. El Candil: las noches de Mogente y el andamio de mi pueblo

Escribo estas líneas mientras contemplo el transcurrir pausado de la vida en Cieza. En mis paseos, cuando el equilibrio se vuelve esquivo y siento la fragilidad de mis hombros, la mente viaja de inmediato a mi Mogente natal, a aquellas noches de infancia donde la luz no brotaba de un interruptor frío e instantáneo. Era la humilde llama del candil la que templaba la estancia. Aquella luz pequeña no pretendía disolver todas las sombras de las paredes, pero ofrecía el círculo exacto y necesario para reconocer los rostros de la familia, el calor de la palabra compartida y el contorno de las manos protectoras.


Allí aprendí que la luz necesita de la penumbra para adquirir verdadera profundidad. En la madurez, esa luz del candil se transforma en la metáfora de nuestra propia resiliencia histórica, y el círculo que iluminaba se convierte en el Vector del Andamio de nuestra tribu. Frente al determinismo de la materia, que dicta que un cuerpo desgastado es una existencia limitada, el amor de la tribu introduce una ruptura milagrosa en la física del sufrimiento. En la materia pura de la enfermedad, dos unidades de dolor y dos de aislamiento suman un cuatro inexorable de derrota. Pero cuando compartimos la penumbra, cuando dejamos que el andamio de los nuestros sostenga las tareas de logística y nos regale su presencia real, la ecuación salta por los aires: 2+2=5. Ese uno de superávit es el sentido que esculpimos juntos sobre la piedra tosca de la dificultad.


IV. Ventana interactiva al libro: la arquitectura de la memoria compartida

Este artículo es un paso más en la tarea que compartimos cada semana. En el Libro III de la trilogía, "El arte de cincelar la adversidad en la edad adulta" (programado para diciembre de 2026), dedicamos un bloque fundamental a detallar los mapas de la "Memoria Resiliente" y a cómo diseñar andamios humanos eficientes para optimizar nuestra homeostasis cerebral. El manual no ofrece recetas mágicas de autoayuda, sino planos de arquitectura mental para aprender a delegar cargas en la tribu y liberar el foco del escultor en mitad de la tormenta biológica.


V. Entremos juntos al taller

El andamio está colocado y el candil encendido. Te invito a dejar tu rol de mero espectador y a registrar en los comentarios tus propias marcas de cincel:

  1. ¿Qué recuerdo de superación de tu pasado te sirve hoy como "luz de candil" para afrontar tu dificultad actual?

  2. ¿Quiénes integran ese andamio imprescindible en tu vida que consigue que tus matemáticas sumen 5 frente a la adversidad?

  3. ¿Qué carga o preocupación vas a compartir hoy con tu tribu para liberar el ancho de banda de tu mente?

Te leo con atención en los comentarios. Pasemos de la queja aislada a la construcción compartida.


martes, 16 de junio de 2026

Isidoro Candel: el artesano que me enseñó a cincelar el futuro de la infancia

El encuentro que definió un camino

Existen momentos en la vida que funcionan como un "andamio" invisible, sosteniendo aquello que seremos años después. Para mí, ese momento ocurrió en mi pueblo, al terminar mis estudios de psicología. Siguiendo el consejo de un buen amigo, llamé a la puerta de quien ya era una leyenda viva en nuestra profesión: Isidoro Candel Gil.

 

Recuerdo aquella primera entrevista en su casa. No encontré a un académico distante, sino a un hombre de mirada limpia y voz pausada, cuya disposición inmediata a ayudarme transformó mi vértigo de recién graduado en ilusión profesional. Aquel día, Isidoro no solo me ofreció consejos y material práctico; me ofreció su nombre como llave. Un nombre que, al pronunciarlo, abría puertas de par en par. Isidoro fue quien me abrió las puertas de la profesión, dándome la confianza necesaria para transitar un camino que apenas empezaba a vislumbrar. Hoy, al celebrar el Día de la Atención Temprana, no puedo sino empezar agradeciendo al mentor que me enseñó que la psicología, antes que ciencia, es cercanía.

 

Del Candil a la Bombilla: una revolución en la mirada

La Atención Temprana en España tiene un antes y un después de figuras como Isidoro. Durante años, la intervención con niños con dificultades de desarrollo se movía en la penumbra de un modelo puramente clínico y asistencial —lo que yo llamo el "candil"—, donde el niño era visto como un paciente aislado en un entorno que poco entendía de sus necesidades.

 

Isidoro fue una pieza clave en el encendido de la "bombilla" que iluminó un nuevo paradigma: el Modelo Centrado en la Familia. Como uno de los pilares del Libro Blanco de la Atención Temprana, ayudó a establecer que el verdadero "cincel" del cambio no está solo en las manos del terapeuta, sino en el día a día de los padres y en la calidad de su entorno. Aprendimos, gracias a su magisterio, que intervenir a tiempo no es solo aplicar protocolos; es dotar de herramientas a la "tribu" para que el niño crezca en un ambiente de competencia y amor.

 

La Sinergia Exponencial: el factor humano

Como psicólogo, siempre he rechazado el determinismo matemático en lo humano. En la materia, 2+2=4; pero en el espíritu y en la tribu, la sinergia y el amor hacen que la suma sea siempre exponencial e impredecible. Isidoro personifica esta creencia.

Nuestra relación es la prueba viva de que la sinergia entre personas es posible más allá de las ideas. Isidoro y yo tenemos formas de pensar y de transitar por la vida totalmente diferentes; sin embargo, por encima de las convicciones intelectuales, siempre nos hemos entendido de maravilla. Esta "sinergia de las diferencias" nos ha enseñado que el respeto profundo y la apertura recíproca son los verdaderos termómetros de la madurez humana. Su aportación al ámbito de la discapacidad, especialmente en el Síndrome de Down, ha sido revolucionaria no solo por la técnica, sino por su capacidad de dotar de alma a cada proyecto. Ha impulsado el mundo asociativo involucrándose hasta los cimientos, transformando colectivos en familias.

 

Magisterio y Amistad: el aula y la vida

Nuestros caminos volvieron a cruzarse en la Universidad de Murcia. Allí, como profesor asociado, Isidoro no solo transmitía conocimientos técnicos; transmitía una forma de estar en el mundo. Consiguió algo que solo los grandes maestros logran: crear un grupo de amigos profesores que, años después, seguimos compartiendo vida y reflexiones.

 

Es un "amigo de sus amigos auténticos". En la universidad, sus alumnos no solo aprendían sobre hitos del desarrollo; aprendían sobre ética, sobre la importancia de la escucha y sobre cómo una disposición generosa puede cambiar la trayectoria de una familia angustiada por un diagnóstico. Para mí, ha sido mucho más que un colega; ha sido un referente que, en los momentos de vulnerabilidad, ha sostenido mi propio "andamio" emocional con una lealtad que no entiende de años ni de distancias.

 

Conclusión: un legado que se celebra hoy

Hoy, en el Día de la Atención Temprana, celebramos la prevención, la detección precoz y la intervención de calidad. Pero, sobre todo, celebramos a las personas que, como Isidoro Candel, han hecho de su vida un servicio a la autonomía de los más pequeños. Su legado en mi pueblo y en toda España es ese andamio social que permite que miles de niños miren al futuro con esperanza.

 

Gracias, Isidoro, por abrirme la puerta aquel día y por seguir enseñándome que, en psicología, la mejor herramienta siempre será una mirada que comprende y una mano que sostiene.