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sábado, 30 de mayo de 2026

El arte como espejo del alma: "Arbolatría" de Silvia Viñao

A veces, el arte consigue lo que la palabra escrita persigue en vano: dar forma, textura y relieve a lo inefable. Ayer tarde tuve la inmensa fortuna de vivirlo en primera persona durante la inauguración de "Arbolatría", la nueva exposición de Silvia Viñao, que ha convertido el patio central de la casa 10 y las salas 6 y 10 del Museo de Siyâsa en Cieza en un auténtico templo de reflexión vital. Joaquín Salmerón, director del museo, ejerció de anfitrión impecable, dando cobijo a una tarde que para mí tuvo el sabor dulce de los reencuentros largamente esperados.

Llevaba años siguiendo la trayectoria de Silvia a través del frío cristal de las redes sociales. Reencontrarla en persona ayer, escuchar de viva voz sus palabras y compartir confidencias fue un placer absoluto que me permitió constatar su deslumbrante madurez artística.  Posee una capacidad asombrosa para sintonizar con el espectador y pulsar las cuerdas de la psicología humana a través de hilos, nudos y materia orgánica.


Una obra esculpida para su entorno

Lo que hace verdaderamente extraordinaria esta muestra es que no es una colección de piezas expuestas al azar. Silvia ha creado instalaciones de raíces concebidas ex profeso para integrarse en la arquitectura andalusí del museo. Es una simbiosis perfecta: el arte textil contemporáneo abraza los cimientos de nuestra historia, dotando a la exposición de un valor adicional único e irrepetible. Quien no la respire allí, se habrá perdido una parte esencial de su latido.

En sus composiciones, los troncos y las raíces asumen el protagonismo absoluto, pero con un giro conceptual que rompe esquemas y nos invita a repensar el sentido de la vida.


La trascendencia de las raíces aéreas

Solemos asociar la raíz con lo oculto, con el suelo y el determinismo del pasado. Sin embargo, en la obra de Viñao, las raíces también apuntan hacia arriba. Se elevan, nos conectan con el cielo y buscan la trascendencia. Es una metáfora bellísima de la resiliencia: los seres humanos no solo nos alimentamos de la tierra que pisamos, sino también de los sueños, del amor y del sentido que le otorgamos a la existencia.

Nuestras raíces aéreas buscan la luz, mientras el tronco —ese espacio preeminente en su obra— resiste las torsiones de la adversidad, cincelándose con cada cicatriz para unir lo terrenal con lo espiritual.


El entramado vital que nos sostiene

Pero, por encima de todo, "Arbolatría" es un canto a la sinergia y a la interconexión. Al contemplar los diferentes elementos interactuando en las salas del museo, resulta evidente que esos árboles no están solos: configuran un entramado vital, una red invisible de apoyo mutuo.

Es, en esencia, la plasmación artística de la tribu. Nos recuerda de manera poética y rotunda que la vida no se conjuga en solitario; nos sostenemos porque bajo la superficie somos capaces de trenzar lazos y tejer redes de resistencia compartida. Una propuesta imprescindible que estará en Cieza hasta mediados de junio y que nos reconcilia con nuestra propia naturaleza.


 

lunes, 11 de mayo de 2026

El eco eterno de Paco "Jawars"


 El umbral de una noche inolvidable

Hay jornadas en las que el cronómetro biológico parece ponerse de acuerdo con el espíritu para darnos una tregua. Ayer tarde, en el interior del Auditorio Gabriel Celaya, se respiraba ese aire de las grandes ocasiones; no por la pomposidad del evento, sino por la densidad del afecto que flotaba en el ambiente. Cruzar el umbral del auditorio fue entrar en un espacio donde el tiempo, tal y como lo conocemos en nuestra rutina apresurada, decidió detenerse.

Asistimos al homenaje de Francisco López Herrera, nuestro querido Paco "Jawars", y lo que allí ocurrió fue una lección magistral de cómo una vida dedicada a la creación y a la bondad puede transformar la realidad de toda una comunidad.

La sinergia de la música: un alma en mil pedazos

Paco no fue solo un músico; fue un gestor de ilusiones, un arquitecto de grupos humanos que ayer se dieron cita para devolverle un poco de lo mucho que él sembró. La estructura del programa fue un reflejo fiel de su poliédrica personalidad.

Comenzar con la Orquesta de Jóvenes de la Región de Murcia y la Agrupación de violines del Cristo de la Agonía fue el reconocimiento a la base, al estudio y a la disciplina que Paco siempre respetó. La Serenata Nocturna de Mozart llenó el recinto de una armonía que preparó el terreno para lo que estaba por venir. Ver a esos músicos —aquellos que fueron jóvenes alumnos y que hoy, con la maestría de los años, conservan un alma vibrante y jovial— es entender que la semilla que Paco ayudó a plantar  ha dado árboles robustos que se niegan a envejecer por dentro.

Pero la música de Paco también bebía de la tierra y de la púa. La Rondalla Cuarentuna nos trajo la calidez de lo nuestro. Es fascinante analizar desde la psicología social cómo grupos tan distintos pueden sentir a la misma persona como su "alma mater". Paco tenía esa capacidad de transitar entre lo académico y lo popular sin perder un ápice de autenticidad.

"Los de siempre" y el sonido de una época

Cuando llegó el turno de Los de siempre y, por supuesto, de Los Jawhars, el auditorio experimentó un fenómeno de regresión colectiva positiva. Escuchar temas como Agueda o Zapatos es realizar un viaje al ADN de nuestra juventud. Paco fue un pionero. En los años 60, cuando todo estaba por hacer, él decidió que en nuestro pueblo se podía hacer pop de vanguardia.

Él no solo componía canciones; creaba himnos que se pegaban a la piel de los ciezanos. Ayer, esos grupos no se limitaron a tocar; pusieron el alma en cada nota. La vibración era distinta. Se sentía que cada acorde era una caricia al recuerdo de un amigo que, aunque físicamente ausente, dominaba el escenario desde cada rincón de la memoria de sus compañeros. El escenario se convirtió en un nexo entre el pasado glorioso de las guitarras eléctricas y el presente lleno de respeto.

La neurociencia de la bondad: "Hacer bueno lo que te rodea"

Uno de los momentos más profundos de la velada llegó con la palabra. Las intervenciones de sus hijas fueron mucho más que un discurso de agradecimiento; fueron una radiografía humana que debería hacernos reflexionar a todos. Una de ellas pronunció una frase que es la clave de bóveda de este artículo: "Mi padre hacía bueno todo lo que le rodeaba".

Desde la neurociencia, sabemos que existen las llamadas "personas vitamina" o catalizadores emocionales. Son individuos cuyos circuitos neuronales parecen estar configurados para la empatía y la construcción. Paco era un maestro en el arte de la sinergia. Mientras que en la materia 2+2=4, en el espíritu de Paco, la suma de talentos siempre resultaba en algo exponencial e impredecible. No se limitaba a ser un buen padre o un buen músico; su mera presencia elevaba el estándar ético y creativo de su entorno. Lograba que los demás se sintieran mejores artistas y, sobre todo, mejores personas. Esa es la verdadera "magia" que no se aprende en los libros, sino que se cultiva en el alma y se expande a la tribu.

El instante donde el tiempo se detiene

Siempre he defendido que el tiempo es una construcción subjetiva. Ayer, para la gran mayoría del público que abarrotaba el auditorio, hubo momentos de suspensión absoluta. Es lo que en psicología llamamos "estado de flujo" colectivo. Ocurre cuando la belleza es tan pura y la intención tan honesta que el cerebro deja de procesar el pasado y el futuro para anclarse en un presente eterno.

Ese silencio sepulcral roto solo por una guitarra, esa lágrima contenida que se comparte con el de al lado, ese vello de punta... son indicadores de que estábamos viviendo algo sagrado. En un mundo hiperconectado y ruidoso, Paco consiguió que un auditorio entero desconectara del ruido exterior para conectar con lo esencial: el amor y la gratitud.

La continuidad: los nietos y el círculo de la vida

La intervención final de dos de los nietos de Paco sobre el escenario fue el broche de oro que dio sentido a todo el homenaje. Ver a la nueva generación empuñar el instrumento con esa seguridad y ese respeto es la prueba de que el legado de Paco está a salvo. No hay determinismo que valga cuando la educación se da a través del amor y el ejemplo. La música no murió con Paco; simplemente ha cambiado de manos para seguir resonando en los corazones de Cieza.

Esa imagen de los nietos participando en la última pieza es el mensaje más potente que podemos llevarnos: somos lo que dejamos en los demás. Y Paco dejó un rastro de luz tan potente que ni siquiera su partida puede apagarlo.

Conclusión: la tribu que honra a sus maestros

Cieza demostró ayer que es una tribu que sabe cuidar y reconocer a sus referentes. No fue un acto de tristeza, sino una celebración de una vida que se expandió más allá de sus propios límites. Salimos del auditorio con la sensación de que el mundo es un lugar un poco mejor porque personas como Paco "Jawars" caminaron por él.

Gracias, Paco, por tu guitarra, por tu sonrisa y por habernos enseñado que la sinergia y el amor son las únicas fuerzas capaces de detener el tiempo. Tu eco seguirá resonando en cada rincón, recordándonos que, al final del día, lo único que queda es la bondad con la que tratamos a los que nos rodean.


domingo, 12 de abril de 2026

Entre Mogente y Cieza: el reencuentro de mis dos mundos

 I. El Mirador del Buen Suceso: La belleza en su conjunto

Hay momentos que funcionan como un espejo de alta definición. Recientemente, el equipo de "Xino Xano Ibèric" (À Punt) plantó sus cámaras en el mirador del Santuario de la Virgen del Buen Suceso. Considero que este enclave es la llave maestra para entender Cieza: desde allí, la belleza se despliega en su conjunto, ofreciendo una panorámica donde la piedra, la historia y el verdor de la huerta se funden en un solo abrazo. Desde esa atalaya, mientras la luz bañaba el valle, sentí que las piezas de mi puzle vital encajaban con una precisión asombrosa.

En el vídeo también participa mi paisano José Eduardo, otro valenciano que, como yo, decidió hace años que su vida encontraría su mejor cauce aquí. Es un orgullo ver cómo ambos, desde nuestras respectivas vivencias, actuamos como anfitriones de esta tierra. Ver a mi pueblo proyectado hacia las pantallas de mi Valencia natal desde ese balcón privilegiado ha sido un ejercicio de gratitud profunda.


 

II. El Agua: Un contraste de caudales y una misma huerta

Observar el discurrir del río Segura desde la orilla es, para mí, un reencuentro constante con mi propia historia, aunque marcada por un contraste evidente. Mi memoria me devuelve al río Cañoles a su paso por Mogente; un río prácticamente seco la mayor parte del año, un hilo de agua humilde que, sin embargo, lograba el prodigio de regar una frondosa huerta.

Al llegar a Cieza, ese recuerdo choca con la vitalidad del Segura, caudaloso y lleno de fuerza, que nutre con generosidad una despensa verde aún más vasta. Pero, a pesar de la diferencia de caudal, el espíritu es el mismo: el agua como fuente de vida. Aquel niño que en 1964 dejó atrás la sobriedad del Cañoles reconoce hoy en la abundancia del Segura el mismo mensaje de esfuerzo. Esta conexión me permite explicar nuestra tierra no solo como un paisaje, sino como una continuidad vital: la diversidad de los territorios no nos separa, sino que suma capas de significado a nuestra existencia.

III. Siyasa, el Esparto y el Manjar: Donde 2+2 siempre son 5

La identidad de Cieza no solo se riega, también se hereda y se trenza. En el Museo Siyasa, el equipo de televisión pudo maravillarse con la reconstrucción de las casas andalusíes, el origen de nuestra hospitalidad. Una cultura que se complementa con el legado del esparto, fibra que ha sido el alma de este pueblo y que conecta directamente con la cultura del esfuerzo de mis raíces mediterráneas.

Como broche final, la visita a la confitería Las Delicias. Allí, Joaquín nos mostró cómo la hospitalidad se transforma en arte. Verle elaborar el Manjar de Cieza es presenciar la sinergia en estado vivo. En ese gesto de compartir un sabor se cumple mi máxima de que, en lo humano, 2+2 son 5. Cuando la maestría técnica de Joaquín y la historia de Siyasa se mezclan con la pasión por la propia identidad, el resultado es algo exponencial que trasciende lo material.

IV. Conclusión: Un Legado que Florece

He pasado gran parte de mi vida transitando del candil de mi niñez a la bombilla de mi madurez. Salí de Mogente con ocho años para echar raíces en este enclave de luz donde hoy tengo a mis amigos, mi familia y mi pareja.

Hoy miro a mi alrededor con la satisfacción del que sabe que el orgullo por nuestras raíces es la semilla de la felicidad. Cieza es mi casa y es, con un afecto que me desborda, mi pueblo. A mis paisanos de Valencia solo puedo decirles: asomaos al mirador del Buen Suceso, dejaos empapar por la magia del Segura y permitid que la hospitalidad ciezana os cuente su propia historia.

sábado, 4 de abril de 2026

La paradoja del huevo de Pascua: el arte de detener el tiempo

 

En una pequeña fotografía de 1957, el blanco y negro no logra apagar la luz de una tarde de primavera en el embalse del Bosquet, en Mogente. Allí, una joven Enriqueta me sostiene en brazos —un bebé de apenas catorce meses asomándose al mundo— mientras Conrado, mi padre, me presenta con un orgullo inmenso ante su "tribu". A su alrededor, amigos y familia celebran la vida con una mona de Pascua sobre la hierba.

Esa imagen no es solo un recuerdo borroso; es mi kilómetro cero. Aunque no tengo un recuerdo consciente de aquel día, mi sistema límbico grabó a fuego la sensación de seguridad de aquellos brazos y la alegría de una comunidad que celebraba algo más que un dulce: celebraba la existencia misma.

El cincel de la memoria sensorial

Desde la neurociencia y la psicología, sabemos que estas tradiciones no son meras repeticiones folclóricas. Son anclajes. El cerebro humano busca patrones para sentirse seguro, y la memoria emocional se encarga de sellar el sonido de las risas y el clima vital de la familia como un refugio permanente.

Al observar esa foto, percibo una paradoja que hoy, décadas después, se convierte en una lección magistral. Mis padres vivían en condiciones que, vistas desde la abundancia actual, podrían calificarse de "míseras". Sin embargo, en sus rostros solo hay una felicidad inmensa. No tenían nada material, pero lo tenían todo. Esa es la primera gran veta de mármol que ellos me ayudaron a pulir: la felicidad no es algo que se encuentra, es algo que se construye.

El relevo de los rostros

Mañana, en Cieza, la escena que quedó congelada en los brazos de mis padres volverá a cobrar vida, aunque el espejo del tiempo haya cambiado los protagonistas. Enriqueta y Conrado ya no están físicamente para sostenerme, y muchos de aquellos personajes de la foto del Bosquet han partido, pero su alegría se ha reencarnado en nuevas miradas. Mañana, los rostros de mis hijas, de mis hermanos y de mi pareja serán los que iluminen el campo. Al vernos juntos, celebrando y compartiendo la mona, comprenderé que no estamos simplemente repitiendo una costumbre, sino fundiéndonos en un nuevo momento de felicidad absoluta. Es el milagro de la tribu: aunque los nombres cambien, las risas suenan igual, logrando que ese legado de amor que recibí de bebé siga siendo un fuego vivo que nos une a todos.

La sinergia del huevo (y el desprevenido)

No falta nunca el momento culmen: la búsqueda de una frente desprevenida para romper el huevo duro. Mi padre, Conrado, era un maestro en este arte. Por más que todos supiéramos que iba a ocurrir, él siempre se las apañaba para pillar a alguien distraído.

Este gesto, que podría parecer una broma menor, es en realidad un golpe de cincel contra el determinismo. En un mundo donde la lógica matemática dice que 2+2=4, el estallido de una carcajada colectiva tras el "impacto" del huevo hace que la suma de la tribu sea siempre exponencial e impredecible. Ese juego tiene el poder mágico de parar el tiempo y el espacio. Por unos instantes, no hay preocupaciones, no hay dolores de hombros, no hay fallos de memoria; solo existe la conexión pura del presente.

Victoria sobre la Veta: los 3 kilómetros de voluntad

Ayer, mientras caminaba mis tres kilómetros por el entorno de La Ventolera, junto a mi pareja, sentí el peso del cansancio. La veta de la ataxia a veces intenta imponer su dureza. Sin embargo, el recuerdo de mis padres en la Balsa del Bosquet actuó como mi motor.

Si ellos fueron capaces de ser inmensamente felices con lo mínimo, ¿cómo no voy a serlo yo hoy, rodeado de tanto amor? Caminar no es solo un ejercicio físico; es mi forma de honrar el legado de vitalidad que me transmitieron. Es mi manera de decir que el escultor sigue trabajando el mármol, sin importar cuán dura sea la piedra.

El elíxir: una Lección para el futuro

Si pudiera susurrarle algo a ese bebé que aparece en brazos de su madre en la foto de 1957, o si pudiera hablarle a un joven de hoy que cree que la felicidad depende del último modelo de móvil o de un coche de lujo o de una casa con todas las comodidades, le diría esto:

El verdadero tesoro de la vida cabe en un huevo duro cascado en la frente de un amigo. No busques la felicidad en los objetos, porque los objetos son materia inerte. Búscala en los momentos de "parar el tiempo". Búscala en la risa compartida, en la merienda en el campo y en el orgullo de pertenecer a una tribu que te sostiene.

La felicidad es una arquitectura de la voluntad. Mañana, en el Domingo de Resurrección, cuando rompa el huevo y comparta la mona con mis hijas, mis hermanos y mi pareja, estaré celebrando que, a pesar de los años y de las dificultades, he aprendido la lección más importante de Conrado y Enriqueta: que somos nosotros quienes, con amor y sinergia, tenemos el poder de detener el tiempo y convertir un día cualquiera en un instante de eternidad.


viernes, 20 de marzo de 2026

La poesía como resistencia: Ángel Almela en tiempos de penumbra

 

Mañana, 21 de marzo, el mundo se detiene oficialmente para celebrar el Día Mundial de la Poesía. Han pasado ya 27 años desde que la UNESCO decidió proteger la palabra rítmica y profunda, y sin embargo, hoy nos preguntamos con cierta amargura: ¿qué lugar ocupa un verso en un mundo fracturado por la guerra, la erosión de los valores y la ausencia de referentes morales claros?

Vivimos en una era de determinismo frío, donde parece que solo lo que se cuenta, se mide o se consume tiene valor. En este desierto de inmediatez y ruido digital, la pérdida de brújulas éticas nos ha dejado huérfanos de modelos a seguir. Pero es precisamente en este escenario de "tiempos áridos" donde la poesía reclama su vigencia más absoluta. La poesía no es un adorno; es el testimonio más puro de nuestra dignidad y la capacidad de crear belleza allí donde otros solo ven escombro.

El referente en la cercanía

Frente a esa orfandad de grandes figuras globales, surge la necesidad de mirar a nuestro lado, a la raíz. En Cieza, esa vigencia de la poesía tiene un nombre propio que aglutina voluntades y da sentido a la palabra "tribu": Ángel Almela Valchs.

Ángel no es solo un poeta de métrica y rima; es un referente vital. En él, la poesía se manifiesta en su significado más genuino: la capacidad de acariciar el mundo con una sensibilidad única y una coherencia inquebrantable entre lo que se escribe y lo que se vive. Su figura nos recuerda que la verdadera vanguardia no está en el grito, sino en la "sabiduría serena" y en la "calma infinita" de quien sabe escuchar.

Una simbiosis de vida y tierra

La trayectoria de Ángel, ligada indisolublemente a Cieza, mi pueblo y al colectivo La Sierpe y el Laúd, es el ejemplo perfecto de sinergia. Mientras el mundo se deshumaniza, Ángel ha dedicado su vida a construir "andamios" culturales, a ser ese faro que durante la Transición y hasta hoy, ha defendido la libertad de expresión y la nobleza del espíritu.

Admirar a Ángel Almela es admirar la posibilidad de que el ser humano sea, por encima de todo, bueno y generoso. Su obra es un espejo de su alma, y su presencia en nuestras calles —como profesor, como amigo, como padre— es el elixir que cura esa sensación de vacío moral que a veces nos embarga.

El mañana de la palabra

En este 27º aniversario, reivindicar la poesía es reivindicar a personas como Ángel. Él nos enseña que, aunque las matemáticas expliquen la materia, solo la poesía explica el misterio del amor y la esperanza.

Mañana, cuando el sol de marzo ilumine Cieza, recordemos que la poesía sigue viva porque hay hombres que, con su sencillez y su luz, se niegan a dejar que la oscuridad gane la partida. Ángel Almela es, para muchos de nosotros, ese pilar moral indispensable: el recordatorio de que la belleza y la bondad siguen siendo el norte de nuestra comunidad.


sábado, 14 de marzo de 2026

“Metamorfosis y Concordia”: el andamio de la amistad que esculpe el alma en Cieza

1. La sinergia humana: por qué 2 + 2 siempre es exponencial en la Tribu

En las ciencias exactas, dos más dos son cuatro; es el inalterable determinismo de la materia. Pero en el espíritu y en la tribu, la suma siempre es exponencial e impredecible. La vida es el arte de la escultura de uno mismo, y esa obra nunca se termina en soledad. Hoy, esa convicción tiene nombre y apellido: Juan José Ríos, mi amigo y compañero de ruta en Cieza, cuya obra es la prueba de que la metamorfosis personal se apoya en el andamio de las amistades firmes, y donde la concordia no es casualidad, sino el resultado de un Propósito Colectivo.

2. Ciez@net: la red que no se ve, el origen del vínculo sólido

Conocí a Juan José en plena ebullición de Ciez@net, aquella experiencia pionera que buscaba convertir a Cieza en una ciudad digital, a finales de los años 90. Hablábamos de cables RDSI y de planes estratégicos. Él era el responsable político y estratégico a nivel regional; yo formaba parte de la Comisión de Gestión en Cieza. Cualquiera pensaría que nuestra relación se limitaría a protocolos y expedientes. Pero ahí es donde mi rechazo al determinismo matemático cobra todo su sentido.


 En el fragor de aquel despliegue, tejimos una red humana que se construyó en los márgenes de las reuniones. La tecnología de Ciez@net ha sido superada mil veces, su hardware es chatarra. Sin embargo, lo que permanece intacto es la amistad sólida que llega hasta nuestros días. Juan José no era solo un alto cargo; era, y es, un hombre de una cercanía excepcional. Su carácter fue el pegamento que hizo que aquel proyecto no fuera solo una fría sucesión de hitos, sino una aventura compartida. Aquel proyecto fue la excusa, pero el verdadero éxito no fue la fibra óptica, sino la lealtad y el afecto de la tribu que tejimos.


3. La concordia como cincel: el rigor del libro para entender la vulnerabilidad


Hoy, años después de aquellos desafíos, Juan José vuelve a la carga con una obra necesaria: "Metamorfosis y Concordia". Este ensayo no es un tratado técnico frío, sino una reflexión humanista nacida de su dilatada experiencia en la gestión pública. Es la voz de alguien que, en lugar de rendirse ante la burocracia, propone una transformación profunda como única vía para fortalecer la democracia. Esta es su Metamorfosis, la prueba de que el ser humano, con la voluntad por cincel, tiene la libertad de cambiar.


Desde mi doble perspectiva de psicólogo y paciente afectado por la ataxia SCA36, entiendo que esta obra es un Andamio Cognitivo. El libro de Juan José nos recuerda que la vida del escultor es una constante Metamorfosis activa. Mi vida es una obra inacabada, donde la ataxia es la veta del mármol. Al igual que Juan José propone una Concordia en la Administración, la Concordia personal es la armonía que se logra a través de la Aceptación Radical y la búsqueda de Sentido, proceso en el que el apoyo de la Tribu (como esta amistad nacida en Cieza) es absolutamente fundamental.


El conocimiento técnico de su libro sirve de andamio de validación al mensaje humano: la clave del éxito no está en los números, sino en el valor colectivo que se genera al unir afecto, rigor y propósito.


4. El legado ciezano: la amistad como propósito y síntesis de sentido


Para quienes creemos que en lo humano la suma siempre es exponencial e impredecible gracias a la sinergia y el amor, este libro es un soplo de aire fresco. La Metamorfosis que nos propone Juan José Ríos es un compromiso diario: aceptar que la fragilidad (la veta del mármol) nos obliga a elegir conscientemente la Concordia—la amistad, el propósito y la libertad de actitud— como el cincel colectivo que da Sentido a cada paso. Es una hoja de ruta para que la vida, al igual que la Administración, vuelva a ser una herramienta sencilla y transparente al servicio de las personas.


Un libro fundamental de un ciezano de corazón que nunca ha dejado de innovar, y que cimenta la verdad de que, al final del día, lo único que queda es la red humana que tejimos.

 

Nota: Este artículo se fundamenta en mi segundo relato: 'Vivir con ataxia: el alma cincelada' (https://amzn.to/3V7J2lb). A través de la Doble Perspectiva (ciencia y experiencia), ilustro cómo la adversidad es el proceso del Non Finito, donde el Escultor utiliza la voluntad y el Andamio de su tribu para alcanzar la Plenitud