lunes, 11 de mayo de 2026

El eco eterno de Paco "Jawars"


 El umbral de una noche inolvidable

Hay jornadas en las que el cronómetro biológico parece ponerse de acuerdo con el espíritu para darnos una tregua. Ayer tarde, en el interior del Auditorio Gabriel Celaya, se respiraba ese aire de las grandes ocasiones; no por la pomposidad del evento, sino por la densidad del afecto que flotaba en el ambiente. Cruzar el umbral del auditorio fue entrar en un espacio donde el tiempo, tal y como lo conocemos en nuestra rutina apresurada, decidió detenerse.

Asistimos al homenaje de Francisco López Herrera, nuestro querido Paco "Jawars", y lo que allí ocurrió fue una lección magistral de cómo una vida dedicada a la creación y a la bondad puede transformar la realidad de toda una comunidad.

La sinergia de la música: Un alma en mil pedazos

Paco no fue solo un músico; fue un gestor de ilusiones, un arquitecto de grupos humanos que ayer se dieron cita para devolverle un poco de lo mucho que él sembró. La estructura del programa fue un reflejo fiel de su poliédrica personalidad.

Comenzar con la Orquesta de Jóvenes de la Región de Murcia y la Agrupación de violines del Cristo de la Agonía fue el reconocimiento a la base, al estudio y a la disciplina que Paco siempre respetó. La Serenata Nocturna de Mozart llenó el recinto de una armonía que preparó el terreno para lo que estaba por venir. Ver a esos músicos —aquellos que fueron jóvenes alumnos y que hoy, con la maestría de los años, conservan un alma vibrante y jovial— es entender que la semilla que Paco ayudó a plantar  ha dado árboles robustos que se niegan a envejecer por dentro.

Pero la música de Paco también bebía de la tierra y de la púa. La Rondalla Cuarentuna nos trajo la calidez de lo nuestro. Es fascinante analizar desde la psicología social cómo grupos tan distintos pueden sentir a la misma persona como su "alma mater". Paco tenía esa capacidad de transitar entre lo académico y lo popular sin perder un ápice de autenticidad.

"Los de siempre" y el sonido de una época

Cuando llegó el turno de Los de siempre y, por supuesto, de Los Jawhars, el auditorio experimentó un fenómeno de regresión colectiva positiva. Escuchar temas como Agueda o Zapatos es realizar un viaje al ADN de nuestra juventud. Paco fue un pionero. En los años 60, cuando todo estaba por hacer, él decidió que en nuestro pueblo se podía hacer pop de vanguardia.

Él no solo componía canciones; creaba himnos que se pegaban a la piel de los ciezanos. Ayer, esos grupos no se limitaron a tocar; pusieron el alma en cada nota. La vibración era distinta. Se sentía que cada acorde era una caricia al recuerdo de un amigo que, aunque físicamente ausente, dominaba el escenario desde cada rincón de la memoria de sus compañeros. El escenario se convirtió en un nexo entre el pasado glorioso de las guitarras eléctricas y el presente lleno de respeto.

La neurociencia de la bondad: "Hacer bueno lo que te rodea"

Uno de los momentos más profundos de la velada llegó con la palabra. Las intervenciones de sus hijas fueron mucho más que un discurso de agradecimiento; fueron una radiografía humana que debería hacernos reflexionar a todos. Una de ellas pronunció una frase que es la clave de bóveda de este artículo: "Mi padre hacía bueno todo lo que le rodeaba".

Desde la neurociencia, sabemos que existen las llamadas "personas vitamina" o catalizadores emocionales. Son individuos cuyos circuitos neuronales parecen estar configurados para la empatía y la construcción. Paco era un maestro en el arte de la sinergia. Mientras que en la materia 2+2=4, en el espíritu de Paco, la suma de talentos siempre resultaba en algo exponencial e impredecible. No se limitaba a ser un buen padre o un buen músico; su mera presencia elevaba el estándar ético y creativo de su entorno. Lograba que los demás se sintieran mejores artistas y, sobre todo, mejores personas. Esa es la verdadera "magia" que no se aprende en los libros, sino que se cultiva en el alma y se expande a la tribu.

El instante donde el tiempo se detiene

Siempre he defendido que el tiempo es una construcción subjetiva. Ayer, para la gran mayoría del público que abarrotaba el auditorio, hubo momentos de suspensión absoluta. Es lo que en psicología llamamos "estado de flujo" colectivo. Ocurre cuando la belleza es tan pura y la intención tan honesta que el cerebro deja de procesar el pasado y el futuro para anclarse en un presente eterno.

Ese silencio sepulcral roto solo por una guitarra, esa lágrima contenida que se comparte con el de al lado, ese vello de punta... son indicadores de que estábamos viviendo algo sagrado. En un mundo hiperconectado y ruidoso, Paco consiguió que un auditorio entero desconectara del ruido exterior para conectar con lo esencial: el amor y la gratitud.

La continuidad: El nieto y el círculo de la vida

La intervención final de uno de los nietos de Paco sobre el escenario fue el broche de oro que dio sentido a todo el homenaje. Ver a la nueva generación empuñar el instrumento con esa seguridad y ese respeto es la prueba de que el legado de Paco está a salvo. No hay determinismo que valga cuando la educación se da a través del amor y el ejemplo. La música no murió con Paco; simplemente ha cambiado de manos para seguir resonando en los corazones de Cieza.

Esa imagen del nieto participando en la última pieza es el mensaje más potente que podemos llevarnos: somos lo que dejamos en los demás. Y Paco dejó un rastro de luz tan potente que ni siquiera su partida puede apagarlo.

Conclusión: La tribu que honra a sus maestros

Cieza demostró ayer que es una tribu que sabe cuidar y reconocer a sus referentes. No fue un acto de tristeza, sino una celebración de una vida que se expandió más allá de sus propios límites. Salimos del auditorio con la sensación de que el mundo es un lugar un poco mejor porque personas como Paco "Jawars" caminaron por él.

Gracias, Paco, por tu guitarra, por tu sonrisa y por habernos enseñado que la sinergia y el amor son las únicas fuerzas capaces de detener el tiempo. Tu eco seguirá resonando en cada rincón, recordándonos que, al final del día, lo único que queda es la bondad con la que tratamos a los que nos rodean.


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