El devenir de las instituciones que nacen verdaderamente del alma depende, de manera inequívoca, de la lealtad inquebrantable a sus raíces y de la valentía serena para abrazar los nuevos tiempos. En estos momentos precisos en los que se acaba de materializar una profunda, meditada y consensuada renovación en el patronato de la Fundación los Alamos del Valle de Ricote, me invade un sentimiento de profunda y auténtica felicidad. No se trata, en absoluto, de una felicidad teñida de nostalgia o de melancolía por el tiempo que queda atrás; al contrario, es una alegría desbordante, repleta de paz y de un optimismo contagioso. Es la felicidad inmensa de constatar que los proyectos que se siembran con amor, con una ética compartida y con valores universales están destinados a perdurar en el tiempo, renovándose con una lógica aplastante y una brillantez absoluta.
Una simbiosis mágica nacida en Dinamarca
Mi vinculación con esta casa no es un mero compromiso institucional; es un hilo vital, una veta afectiva e intelectual que define y vertebra gran parte de mi trayectoria vital. Estoy presente en la fundación desde el mismo instante primigenio en que fue creada por José Luis Pardos, un hombre excepcional, de una altura diplomática y humana fuera de lo común, quien confió en mí plenamente, depositando en mi persona una fe ciega desde el primer momento y manteniéndola intacta hasta el final de sus días.
Nuestra historia compartida, sin embargo, hunde sus raíces mucho más atrás en el tiempo. Muchos años antes de que la fundación fuera siquiera una estructura jurídica, y sin conocernos previamente en el plano personal, José Luis tuvo la generosidad de invitarme a Dinamarca, país donde por aquel entonces ejercía con maestría como embajador de España. El motivo formal era celebrar el día de nuestra patria, y hacia allí partimos un amplio y entusiasta grupo de murcianos. En aquel encuentro providencial, al abrigo de los paisajes nórdicos y lejos de nuestra querida tierra, se encendió la chispa. Allí nació una profunda e imperecedera amistad, y comenzó a gestarse un sueño común. Existió entre nosotros, desde ese primer viaje, una simbiosis total, fecunda y mágica; yo también soñé con él, asimilé su visión cosmopolita y comprendí las posibilidades infinitas de desarrollo cultural y humano que podíamos proyectar.
La fuerza fundacional: un grupo de amigos compartiendo el mismo sueño
Uno de los mayores y más clarividentes aciertos de José Luis Pardos fue, sin duda, su extraordinaria capacidad para convocar y reunir en la etapa de gestación de la fundación a un grupo de personas verdaderamente especiales. Aquellos patronos iniciales no fuimos elegidos al azar ni por meros compromisos formales. Con todos ellos he mantenido y mantengo una relación humana y personal que va muchísimo más allá de lo estrictamente profesional o corporativo.
Los vínculos afectivos, el respeto mutuo y la fraternidad que se establecieron entre todos los miembros de aquel patronato fundacional constituyen, a mi juicio, uno de los principales y más valiosos activos de nuestra institución. No éramos un consejo de administración frío; éramos, ante todo, un grupo de verdaderos amigos. Trabajamos codo con codo junto a José Luis, impulsados por una inmensa ilusión, compartiendo un mismo anhelo, una misma sensibilidad hacia el territorio y unos mismos valores humanistas. Compartíamos el mismo sueño. Tras años de intensa complicidad y de construcción conjunta en esa hermosa etapa inicial, asumí la vicepresidencia de la institución y, finalmente, antes de su dolorosa partida, José Luis me confió el testigo más sagrado y de mayor responsabilidad: la presidencia de la fundación, consolidando así una vida de lealtad mutua.
Una renovación unánime cimentada en la excelencia
Por todo este bagaje, contemplar el rumbo que hoy toma la fundación no hace sino llenarme de un legítimo orgullo y de una tranquilidad absoluta. La reciente renovación de nuestro patronato, aprobada por la más absoluta unanimidad de todos sus miembros, es un acto de una coherencia institucional impecable y, por encima de todo, un paso natural y plenamente deseado por mí. Las instituciones vivas deben mudar su piel para seguir creciendo, y esta nueva etapa se ha cimentado sobre el único pilar que garantiza la trascendencia y el respeto al legado recibido: la excelencia.
La incorporación al patronato de Joaquín Salmerón Juan y de Míriam Salinas Guirao, elegidos asimismo por unanimidad para desempeñar los cargos de presidente y secretaria respectivamente, constituye una decisión de un acierto indiscutible. Es un triunfo de la cordura y del talento que va mucho más allá de la profunda amistad, el cariño y la rendida admiración personal que legítimamente siento por ambos. Sus currículos y sus trayectorias públicas y profesionales son de una claridad meridiana y demuestran, con datos objetivos, que son las personas idóneas para liderar este porvenir.
Joaquín Salmerón Juan: veteranía y gestión sagrada del patrimonio
El perfil de Joaquín Salmerón Juan al frente de la presidencia aporta una veteranía consagrada, un rigor metodológico y un conocimiento del entramado cultural y patrimonial del Valle de Ricote que muy pocos profesionales poseen en nuestra Región. Licenciado en Historia Antigua y Arqueología por la Universidad de Murcia, Joaquín es una figura institucional de un prestigio ampliamente reconocido, desempeñando la dirección del Servicio de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Cieza desde abril de 1987 y la dirección del Museo de Siyâsa desde mayo de 1999.
Su liderazgo científico ha quedado acreditado al presidir el Comité Científico y Organizador de los III y IV Congresos Internacionales del Valle de Ricote. Académico correspondiente de la Real Academia de Alfonso X el Sabio y director de más de 60 campañas de excavaciones y prospecciones arqueológicas, su labor docente y divulgadora trasciende el ámbito regional, habiendo sido conferenciante internacional en Buenos Aires y profesor en el magister de "Gestión del Patrimonio Cultural" de la Universidad Complutense de Madrid, así como codirector de cursos de la Universidad del Mar. Su trayectoria es la máxima garantía de una gestión patrimonial con un marchamo de calidad internacional.
Míriam Salinas Guirao: rigor científico y maestría en la comunicación
En una complementariedad perfecta y sumamente equilibrada, la secretaría de la fundación queda bajo la responsabilidad de Míriam Salinas Guirao, quien encarna de manera sobresaliente la nueva savia investigadora, el rigor del método científico aplicado a las ciencias sociales y una acreditada maestría en el ámbito de la comunicación. Graduada en Periodismo y poseedora de un Máster en Liderazgo Político y Social por la Universidad Carlos III de Madrid, Míriam desarrolla actualmente su labor como investigadora predoctoral en la Universidad de Murcia, donde indaga con brillantez en la historia de la prensa del siglo XIX.
Su excelente capacidad de gestión, organización y liderazgo de equipos ha quedado firmemente demostrada en fechas muy recientes, al coordinar el II Seminario Permanente Internacional 'Comunicación y Sociedad' celebrado en mayo de este mismo año 2026. Además de su experiencia coordinando la comunicación de corporaciones tan relevantes como el Colegio Oficial de Periodistas de la Región de Murcia, Míriam atesora ya una sólida y reconocida producción científica, con capítulos de libros y artículos en revistas internacionales de alto impacto, analizando con rigor sucesos históricos locales e institucionales. Ella aporta la estructura formal, la juventud, el dinamismo y la visión metodológica necesarios para proyectar la fundación hacia los nuevos lenguajes y desafíos de la sociedad del conocimiento.
Una alianza perfecta con la mirada puesta en el porvenir
Esta alianza estratégica entre la veteranía y experiencia consagrada en la gestión de bienes culturales y la capacidad de liderazgo, comunicación y empuje de la nueva investigación dota a la Fundación los Álamos de un horizonte verdaderamente inmejorable. Sé positivamente que van a desarrollar una labor maravillosa y quiero que estas palabras sirvan como testimonio público de que cuentan con todo mi apoyo moral, mi confianza absoluta, mi experiencia acumulada y mi más sincero afecto.
El custodio de la tierra: cuidando la raíz del sueño
Por lo que a mí respecta, este proceso de renovación lejos de apartarme, me permite reubicarme con una alegría inmensa. Sigo y seguiré en la fundación como patrono vocal, pero asumiendo a partir de ahora una responsabilidad muy específica y hermosa que me llena de ilusión: cuidar, supervisar y velar con mimo por todo lo relacionado con la finca.
Es un reparto de tareas lleno de poesía y de sentido práctico: mientras Joaquín y Míriam impulsan, gestionan y proyectan la fundación hacia el exterior con su indiscutible excelencia, yo permanezco en el lugar, custodiando la raíz, protegiendo la tierra y preservando el espacio físico y natural que vio nacer y cobijó nuestros sueños compartidos. El espíritu fundacional y el recuerdo de José Luis Pardos siguen plenamente vigentes, el relevo generacional y técnico es impecable, y el futuro de nuestra querida fundación no podría estar en mejores manos.

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