El candil: la sabiduría de la observación empírica
El sistema de las cabañuelas —esa tradición de predecir el clima del año basándose en la observación de los primeros días de agosto— ha sido, durante siglos, el "candil" que iluminaba el camino de los agricultores. Mi padre heredó un código de interpretación ancestral que no era una simple superstición, sino un intento humano, profundamente loable, de encontrar orden en el aparente caos de la naturaleza. En aquellos días de agosto, el agricultor se convertía en un observador minucioso, recolectando evidencias para planificar la siembra, la poda y la cosecha. Era una gestión del riesgo basada en la paciencia y el respeto al entorno.
Esta búsqueda de certezas tenía un compañero inseparable: el Calendario Zaragozano. Recuerdo con especial emoción cómo mi padre, ya en su etapa de Cieza y habiendo dejado atrás la dureza del campo tras su jubilación, mantenía intacto el ritual. Cada año, sin falta, su prioridad era conseguir un ejemplar de aquel almanaque. Aunque ya no dependiera directamente de la cosecha para comer, su mente necesitaba ese mapa anual para orientarse en el tiempo. Hasta su muerte, aquel pequeño cuadernillo fue su guía, demostrando que la necesidad de anticipar el futuro es una constante que nos acompaña mientras hay vida.
La neurociencia de la anticipación
¿Por qué este empeño constante por predecir, incluso cuando ya no se trabaja la tierra? Como psicólogo, entiendo que el cerebro humano es, en esencia, una "máquina de predicción". La incertidumbre es uno de los estados que más estrés genera en nuestro organismo; activa la amígdala y dispara los niveles de cortisol, manteniéndonos en un estado de alerta que puede resultar agotador.
Las cabañuelas y el Zaragozano funcionaban como un "ansiolítico cognitivo". Al otorgar un nombre, una fecha y un fenómeno a lo que estaba por venir, el cerebro recuperaba una sensación de control. Para mi padre, tener el almanaque en las manos era una forma de reducir la entropía del mundo. La creencia de que se puede vislumbrar el futuro calma el sistema nervioso y permite que la corteza prefrontal se libere, permitiéndonos disfrutar del presente con mayor serenidad. No era una "tontería"; era un mecanismo necesario para gestionar la ansiedad ante lo desconocido.
La bombilla: la nueva incertidumbre científica
Hoy, la "bombilla" de la meteorología moderna nos ofrece una precisión asombrosa a corto plazo gracias a satélites y modelos numéricos complejos. Sin embargo, nos enfrentamos a una paradoja: el cambio climático está introduciendo tal grado de erraticidad que los patrones históricos se desdibujan. La ciencia actual nos confirma que la atmósfera es un sistema caótico, lo que en ocasiones nos devuelve a una vulnerabilidad similar a la de nuestros antepasados.
Incluso con superordenadores, la predicción perfecta a largo plazo sigue siendo inalcanzable. El rigor científico nos enseña hoy lo que mi padre ya sabía por instinto al consultar su Zaragozano en Cieza: que la naturaleza siempre tiene la última palabra y que nuestra mejor herramienta no es solo el dato estadístico, sino el poder de nuestra intuición —ese destilado de años de experiencia grabados en el cerebro— y nuestra capacidad de adaptación ante lo imprevisto.
Reflexión final: el orgullo de nuestras raíces
Al mirar atrás, comprendo que la verdadera luz no estaba solo en acertar si llovería en marzo, sino en el vínculo inquebrantable con la tierra y la tradición. El orgullo por nuestras raíces, por la figura del padre que, hasta sus últimos días en Cieza, escudriñaba el cielo y buscaba su calendario, es reconocer que nuestra identidad se forjó en esa lucha constante contra lo desconocido.
Aquel candil no solo iluminaba el campo; iluminaba el alma de una comunidad resiliente que aprendió a vivir en armonía con la incertidumbre, recordándonos que, aunque hoy usemos bombillas de última generación, la sabiduría de quienes nos precedieron sigue siendo una fuente inagotable de sentido y felicidad.
Este artículo se fundamenta en mi primer relato autobiográfico: 'Del candil a la bombilla: Huellas biológicas y ambientales en la forja de una identidad' https://medium.com/@ventolera2008/del-candil-a-la-bombilla-9af14683bcf). En él, exploro la Materia Prima de mis raíces en Mogente, analizando cómo el legado y el entorno rural han sido el Cincel inicial que forjó mi identidad.

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