martes, 20 de enero de 2026

La Cátedra de la coherencia: Javier Corbalán y el talante de lo humano

Este lunes, el Salón de Actos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Murcia se vistió de gala académica para un acto de justicia: el acceso a la cátedra de Francisco Javier Corbalán Berná. Sin embargo, más allá de la solemnidad del protocolo y del merecido reconocimiento a una trayectoria investigadora de primer nivel, lo que allí se celebró fue el triunfo de un estilo de vida y de una forma de entender nuestra disciplina.

Un cincel en el alma profesional

A menudo, la vida académica se mide en publicaciones y congresos, pero existe una dimensión invisible que solo el tiempo permite valorar: la capacidad de una persona para influir en la identidad de quienes la rodean. En mi propia trayectoria, mi regreso a la Universidad de Murcia en el curso 1992/93 fue una etapa de reasentamiento y madurez. Allí, la figura de Javier Corbalán apareció no solo como la de un colega brillante, sino como un referente cuyo rigor y ética han terminado por cincelar mi propia alma profesional.

Javier representa esa psicología de "la bombilla" que tanto reivindico: una ciencia que ilumina con precisión el dato —ahí queda su legado internacional con el Test CREA de inteligencia creativa—, pero que nunca permite que el frío resultado eclipse la calidez de la persona.

El compromiso en el "barro": FAMDIF y ADENTRA

Lo que verdaderamente otorga autoridad a la nueva cátedra de Javier no es solo lo que ha escrito en los libros, sino lo que ha construido en la calle. Nuestra colaboración más estrecha y satisfactoria siempre tuvo un pie fuera del campus, en ese terreno donde la psicología se convierte en esperanza real.

Recordar nuestra labor conjunta en las jornadas con FAMDIF (Federación de Asociaciones Murcianas de Personas con Discapacidad Física y Orgánica) y con ADENTRA es recordar el verdadero sentido de nuestra vocación. En aquellas jornadas de convivencia con personas con discapacidad o con pacientes en la espera vital de un trasplante, el "talante humano" de Javier brillaba con luz propia. Él supo demostrar que el rigor de un psicometrista no está reñido con la sensibilidad de quien sabe escuchar el sufrimiento y la resiliencia ajena. Esa colaboración estrecha fue, para muchos de nosotros, la mejor lección de psicología clínica que podíamos recibir.

Crónica de un acceso: las perlas de la primera fila

El solemne acto de este lunes confirmó que la trascendencia de Javier Corbalán va más allá del currículum. Fue una lección de vida, marcada por la emoción, el compromiso y la presencia de aquellos a quienes su trabajo ha tocado.


El clima del discurso: la creatividad y la psicología positiva

El hilo conductor que vertebró tanto su trayectoria académica como su intervención fue la creatividad. El tribunal destacó la vinculación de la obra de Javier con la Psicología Positiva, señalándola como un paso más allá de la psicología humanista. Esta perspectiva se centró en la importancia de estudiar las emociones positivas, en contraste con el enfoque tradicional de la psicología, que se centra más en las negativas.

El lenguaje no verbal: gratitud emotiva a un maestro

En un acto de tanta solemnidad, el factor humano se hizo patente en el emotivo agradecimiento a sus maestros. Con un quiebro en la voz, Javier Corbalán nombró de forma muy significativa al Dr. Carlos Alonso Monreal, a quien calificó como un auténtico referente intelectual. Este gesto honró a una figura clave, pues el Dr. Alonso Monreal fue el Primer Decano tras la creación de la Facultad.

El paisaje humano: lleno de gratitud


La calidad de un hombre se mide por quiénes acuden a su llamada. El Salón no solo estaba lleno de académicos; estaba lleno de gratitud. Ver allí a personas de distintos ámbitos de la sociedad murciana confirmaba que su cátedra es un éxito compartido. Su compromiso con el "barro" social, que se hizo patente a través de sus palabras, demostró que su labor trasciende los muros de la Facultad. 

La intervención fue sobresaliente, pues sin perder el rigor académico, supo utilizar un lenguaje coloquial que generó un ambiente muy distendido. 

El ritual del reconocimiento: la fuerza del equipo

Al terminar el protocolo, quedó patente que lo que se celebraba no era solo un ascenso individual, sino el triunfo de un creador de equipos. El tribunal destacó precisamente esta cualidad: la capacidad de Javier para trabajar en grupo. Pese a la toga y la solemnidad, quedó patente que lo que se celebraba no era un ascenso administrativo, sino el triunfo de un hombre querido.

El triunfo del talante

Si Javier Corbalán ha llegado a este hito conservando intacta su esencia, es gracias a su talante. En un entorno universitario que a veces se vuelve burocrático y distante, él ha mantenido la cercanía del maestro y la lealtad del amigo. Ha preservado su humanidad como el activo más valioso de su currículum.

Escribo estas líneas con la emoción de quien ha presenciado un acto de graduación de toda una filosofía de vida. Este lunes, en el Campus de Espinardo, no solo se nombró a un Catedrático; se puso en valor a un hombre que, con su ejemplo, nos recordó que la psicología, antes que ciencia de la mente, debe ser una ciencia del corazón y del compromiso social.

Al final del acto, la lección clara fue que la mayor creatividad de Javier Corbalán reside en haber unido de forma impecable el dato de la ciencia y la calidez del corazón.


 

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