Mañana, 18 de abril, el mundo celebra el Día Internacional de los Monumentos y Sitios. Para quienes vivimos en Cieza, esta fecha no es una abstracción en el calendario, sino una llamada de atención hacia esa joya que corona la identidad de Cieza: Siyâsa. Es nuestro "grito de piedra", un testimonio mudo pero elocuente de quiénes fuimos y, sobre todo, de quiénes somos hoy.
Pero las piedras, por muy milenarias que sean, no hablan solas; necesitan de voces que las interpreten y de manos que las protejan. En este punto es obligado detenerse y reconocer una labor que ha sido el alma de este proyecto durante décadas. Me refiero a Joaquín Salmerón, cuya incansable y determinante aportación ha sido vital para que Siyâsa sea hoy lo que es: un referente internacional del mundo islámico medieval. Sin su rigor científico, su pasión y su entrega absoluta, gran parte de este tesoro seguiría oculto bajo la tierra o, peor aún, bajo el peso del olvido. Reclamar una conciencia social por nuestro patrimonio es también reconocer a quienes, como Joaquín, han hecho de la preservación de nuestra historia su razón de ser.
La neurociencia de la pertenencia: por qué nos importan estas piedras
Desde la neurociencia, podemos afirmar que el patrimonio cultural no es un lujo decorativo, sino un componente esencial de nuestra arquitectura mental. El cerebro humano es un órgano profundamente social que necesita raíces para proyectar ramas. Cuando caminamos por los restos de la Medina, nuestra corteza cingulada anterior —una región del cerebro íntimamente ligada al sentido de pertenencia y a la identidad social— se activa.
Esta "inversión en dignidad" que supone recuperar Siyâsa actúa directamente sobre nuestro equilibrio emocional. Al sentirnos parte de una historia que nos trasciende, nuestro sistema de recompensa cerebral libera oxitocina, fortaleciendo los lazos de la "tribu" y proporcionando un refugio cognitivo frente a la incertidumbre del presente. Siyâsa no es solo arqueología; es salud mental colectiva, es el orgullo de pertenecer a un lugar con alma.
La sinergia y el rechazo al determinismo
A menudo se intenta analizar el valor de nuestro patrimonio desde una óptica puramente utilitarista o económica, como si la cultura fuera una ecuación matemática. Sin embargo, en lo humano, rechazo el determinismo matemático. Mientras que en el mundo de la materia inerte dos más dos siempre son cuatro, en el espíritu de la comunidad, la sinergia y el amor por lo nuestro hacen que la suma sea siempre exponencial e impredecible.
El esfuerzo de una sola persona, sumado a la voluntad de un pueblo, no genera un resultado lineal. Joaquín Salmerón no solo rescató muros; rescató esquemas mentales de nuestra identidad. Su labor como mentor ha permitido que la tribu encuentre su "Elixir": la certeza de que somos herederos de una grandeza que debemos custodiar. Es el paso del "candil" de la ignorancia a la "bombilla" del conocimiento compartido.
Un legado que nos protege
Proteger Siyâsa es, en definitiva, protegernos a nosotros mismos. Es entender que el patrimonio no es un gasto, sino el pilar sobre el que se asienta nuestra dignidad como ciudadanos de Cieza. Siyâsa es hoy nuestro mayor orgullo porque hubo manos que no se rindieron cuando el camino era difícil y mentes que entendieron que la verdadera riqueza de un pueblo no está en lo que acumula, sino en lo que es capaz de recordar y honrar.
Este 18 de abril, al mirar hacia el Cerro del Castillo o al recorrer las salas de nuestro museo, hagámoslo con la gratitud de saber que tenemos un legado inmenso. Que esta efeméride nos sirva para despertar, para valorar y para comprender que la verdadera sinergia de mi pueblo nace de la unión inquebrantable entre nuestra historia, nuestra ciencia y nuestro corazón.

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