Cada vez que puedo, suelo dar largos paseos por las orillas del río
Segura a su paso por Cieza. Y suelo decir: "Este es mi río". Lo cierto
es que no tengo escrituras ni ningún papel que avale que es mío; y
seguro que cualquier vecino de Cieza puede decir lo mismo con la misma
autoridad y rotundidad que yo. En realidad, ha sido el río de nuestros
antepasados. Y ahora es el río de todos los que lo disfrutamos: de los
huertanos que aprovechan sus aguas para hacer fértil la tierra, de la
flora y la fauna que vive en él y de él, de los deportistas que lo
navegan, de los turistas que lo admiran, de los historiadores que
estudian su legado y de los muchos bañistas que, como yo, se refrescan
en sus aguas durante los calurosos meses de verano.
Soy de los
que prefieren el río a la piscina o la playa. Cada vez que puedo, me
escapo a bañarme al río, por lo general al paraje conocido como "la
presa".
He recorrido kilómetros y kilómetros del río dejándome
llevar por sus aguas, con o sin salvavidas, en simples ruedas como
flotadores de apoyo, en barca con amigos o en recorridos turísticos. He
bajado presas, esquivado troncos y piedras. Soy un enamorado del río,
quizás por eso digo que es mi río.
En otoño, invierno, primavera y
también en verano, me gusta dar largos paseos junto al Segura por los
caminos que lo serpentean, manteniendo un diálogo silencioso con sus
aguas, sus árboles y sus veredas. En la paz de esos caminos he
encontrado la solución a muchos problemas y la respuesta a muchas
preguntas.
Desde hace unas semanas, en mis largos paseos por el
río, llevo conmigo el libro "El sueño de una vida" de Shirin Klaus,
esperando oír sus susurros sobre la fórmula mágica que pueda convertirlo
en la lectura del verano.
El río Segura no es solo un río, es
parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra vida. Es un tesoro
que debemos cuidar y proteger para las generaciones futuras
domingo, 7 de julio de 2024
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