miércoles, 7 de enero de 2026

El candil del pasado: raíces desde Mogente y la forja de la identidad

A menudo pensamos que nuestra identidad es algo que construimos únicamente mirando hacia el futuro, como si el mármol de nuestra vida apareciera de la nada frente a nosotros. Sin embargo, como profesor de psicología y, sobre todo, como aprendiz de mi propia historia, he comprendido que para que el Escultor pueda trabajar con maestría, debe conocer primero su Materia Prima. Y mi materia prima tiene un nombre y un lugar: Mogente.

La luz del candil: un viaje a las raíces

Recientemente, al releer mis memorias en "Del candil a la bombilla", me vi de nuevo en el Carrer del Mig, rodeado del eco de mis abuelos y la guía de mis padres. Aquellos años entre 1956 y 1964 no fueron solo juegos y niñez; fueron las primeras hendiduras del Cincel en mi alma. Esas marcas tempranas son las que hoy me permiten reconocer la veta del mármol y trabajarla con serenidad, incluso cuando la piedra se vuelve dura.

Desde la neurociencia, sabemos que estos primeros entornos —lo que yo llamo nuestro "primer universo"— no solo dejan recuerdos, sino que graban huellas biológicas. El sentido de pertenencia que desarrollé en las calles de Mogente es, hoy en día, el Andamio que me sostiene frente a los desafíos de la ataxia.

El Bosquet: el agua que refleja la Tribu

Hay una imagen que atesoro con especial fuerza: aquella en la que aparezco de niño en la balsa del Bosquet de Mogente, rodeado de mis padres y sus amigos. En ese rincón, el agua no solo reflejaba el cielo valenciano, sino que contenía la esencia misma de mi Materia Prima.

Esa escena es la representación viva: el Contexto y el Sentido (La Tribu). Estar allí con mis padres y amigos de la familia —esos "andamios" humanos como los Cambredoners o figuras que marcaron mi infancia como Don Follo— me recuerda que ningún Escultor trabaja en soledad. Nos forjamos en el encuentro con los otros, en esas tardes de domingo donde la identidad se nutría del afecto compartido. Aquella balsa no era solo un lugar de recreo, era el depósito de los valores y el apoyo comunitario que hoy utilizo como Puente  para conectar mi pasado con mi propósito presente.

Del ayer al hoy: resiliencia aplicada

¿Por qué es importante recordar el candil en la era de la bombilla led? Porque el orgullo por nuestras raíces es un componente esencial de la felicidad. No es nostalgia vacía; es resiliencia aplicada.

Al reconocer de dónde venimos —de la "Casa del Macho", del esfuerzo constante y de la vida sencilla pero profunda— estamos fortaleciendo nuestra estructura interna. Para quien enfrenta una enfermedad neurodegenerativa, o para cualquier persona ante una crisis, sus raíces son el anclaje que impide que la tormenta se lleve su esencia. La voluntad es el Cincel, pero la raíz es la que sujeta la piedra.

La ciencia y la vida: un proceso Non Finito

La psicología científica nos dice que la identidad es un proceso Non Finito (nunca terminado). Esta es la gran paradoja de la Teoría del Alma Cincelada: aunque los golpes de la vida (la veta del mármol, como la ataxia) intenten desviarnos o fracturarnos, el conocimiento profundo de nuestra historia nos da la técnica necesaria para seguir esculpiendo.

Hoy, desde Cieza, miro hacia atrás no para volver, sino para entender. Mogente me dio la madera; la vida me dio el mármol; y la voluntad, apoyada en mi Tribu, es mi herramienta. La obra sigue en curso, el alma se sigue cincelando, y cada golpe de mazo tiene el sentido que solo nuestras raíces pueden otorgar.

Nota final: 

"Este artículo se fundamenta en mi primer relato autobiográfico: 'Del candil a la bombilla: Huellas biológicas y ambientales en la forja de una identidad. En él, exploro la Materia Prima de mis raíces en Mogente, analizando cómo el legado y el entorno rural han sido el Cincel inicial que forjó mi identidad.


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