miércoles, 28 de enero de 2026

Don José Cardós: el Notario de la Luz y Cronista Visual de nuestra Historia

Hay figuras que no solo transitan por nuestra biografía, sino que se convierten en los arquitectos de nuestra memoria. En el Mogente de mi niñez, aquel de los años cincuenta donde la vida aún se compasaba al ritmo de las estaciones, la familia Cardós no solo regentaba un estudio fotográfico; custodiaban, en realidad, el espejo donde todos aprendimos a mirarnos. Esta semblanza nace de una deuda de gratitud hacia quien, como Don José Cardós, tuvo la grandeza de dotar de orden, belleza y dignidad a nuestra identidad individual y colectiva.

El descubrimiento del artista: más allá del objetivo

Durante mis años en el Carrer del Mig, para mi mirada infantil, Don José era exclusivamente el fotógrafo. Era aquel hombre de una habilidad asombrosa y paciencia infinita que dominaba la química del revelado y los misterios de la luz. Sin embargo, la vida me tenía reservada una revelación que solo he podido procesar y comprender mucho después: su profunda y latente pasión por la pintura.

Hoy entiendo que su destreza con los pinceles no era un detalle menor ni un simple pasatiempo; era la raíz misma de su genio. Don José (Cardós) no se limitaba a disparar un obturador; él «pintaba» sus retratos con luz. Esa herencia vital que hoy contemplo en las paredes de mi familia —en los retratos de mis tías, de mis primas o en la fotografía de la boda de mis padres que aún conservo en mi memoria con celo— es, en realidad, una pincelada de humanidad que solo un artista integral podría haber logrado. Sus fotos no eran simples registros en blanco y negro; eran actos de amor profesional donde captaba, por encima de todo, la esencia y la verdad emocional de la persona.

La mirada heredada: Un eslabón entre dos mundos

Una imagen singular resume perfectamente esta estirpe de artistas. La foto de portada. En ella vemos a Don José (Cardós) en una charla pausada, pero lo verdaderamente revelador ocurre a su espalda: emerge un retrato de su padre que el propio Don José pintó. En ese cuadro aparece el patriarca junto a su cámara de fuelle, ese tótem de mediados de siglo que simboliza el origen de nuestra memoria visual.

Esa composición es una declaración de principios. Si su padre fue el «candil» que iluminó los primeros y austeros recuerdos de la posguerra, Don José fue la «bombilla» que trajo la modernidad y la claridad a la comarca de La Costera. En esa imagen, Don José no solo posa; actúa como custodio y continuación de un legado, encarnando un respeto filial que supo transformar en un arte perdurable.

El cronista visual y notario de su tiempo

Mucho se ha glosado su figura y su obra ha sido objeto de justo reconocimiento en instituciones como el Museu Valencià d'Etnologia, que identifica su archivo como una pieza clave del patrimonio fotográfico. Bajo el sello de su Estudio Art Foto Cardós, Don José ejerció como un auténtico cronista visual. Su labor no se detuvo en la esfera privada de las celebraciones familiares; sus series de postales y sus registros de lugares emblemáticos, como La Bastida de les Alcusses, son hoy documentos históricos e identitarios indispensables.

Aquel hombre afable, que trababa amistad con todos y que con mi familia materna mantuvo una familiaridad tan especial, era el notario que daba fe de nuestra existencia. Referirme a él hoy como Don José Cardós (aunque popularmente se le conoce como Cardós) es un acto de justicia, respeto y gratitud. Él nos enseñó que el orgullo por nuestras raíces no es un concepto abstracto, sino una realidad que se construye y se preserva a través de la mirada.

Gracias, Don José, por haber sido el guardián de nuestra memoria y por enseñarnos que, para proyectarnos hacia el futuro, primero debemos ser capaces de reconocer la luz y la dignidad en el rostro de quienes nos precedieron.

Nota: este artículo se fundamenta en mi primer relato autobiográfico: 'Del candil a la bombilla: Huellas biológicas y ambientales en la forja de una identidadhttps://medium.com/@ventolera2008/del-candil-a-la-bombilla-9af14683bcf). En él, exploro la Materia Prima de mis raíces en Mogente, analizando cómo el legado y el entorno rural han sido el Cincel inicial que forjó mi identidad 


 

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