A veces, la vida decide cambiarte el guion sin previo aviso. Llega un diagnóstico, una pérdida o una limitación física —como la que yo experimento con la ataxia SCA36— y, de repente, nos encontramos ante una encrucijada que nadie nos enseñó a transitar. En ese momento de impacto, la reacción más humana es refugiarse en lo que yo llamo el “trance privado”.
Nos encerramos. Creemos, con la mejor de las intenciones, que el silencio es una forma de dignidad o una manera de proteger a nuestros seres queridos. Pero, tras tres décadas dedicado a la psicología, al trabajo social y ahora como "aprendiz" de mi propia adversidad, me pregunto: ¿y si ese silencio fuera, en realidad, una trampa que nos impide sanar?
El escultor y el "Non Finito"
Como profesor de psicología, he pasado años explicando la teoría de la mente. Hoy, la vida me ha cambiado de aula y me ha transformado en un Escultor de la Adversidad. Mi referente en este taller no es un manual académico, sino Miguel Ángel y su concepto del Non Finito.
El maestro creía que la figura ya habitaba dentro del bloque de mármol; su trabajo no era inventarla, sino liberarla. En nuestra vida, la adversidad —sea una enfermedad o un golpe del destino— es la veta dura e inesperada de nuestra piedra. Podemos intentar esconder el bloque inacabado por miedo a mostrar sus grietas, o podemos golpear con el cincel de la visibilidad para que la figura emerja con toda su dignidad, aunque sea una figura "inacabada".
El andamio de la coherencia
Dar el paso hacia la visibilidad no fue una decisión impulsiva. Como cualquier escultor ante una veta difícil, tuve mis dudas. Lo primero que hice fue consultar con mi familia, mi primer andamio. Su respuesta fue un "adelante" rotundo. Pero había algo más: una deuda ética con mi propia trayectoria.
No podía pasarme treinta años defendiendo en las aulas el valor de la comunicación, del apoyo social y del tejido comunitario, y al llegar mi propio momento de dificultad, elegir el refugio del silencio. La coherencia profesional me dictó que debía aplicar en mí lo que siempre enseñé: que lo que no se nombra no se puede gestionar, y que la palabra es el cincel que libera el sentido.
Sinergia: cuando 2+2 son 5
Compartir nuestra vulnerabilidad no es un acto de exhibicionismo; es una herramienta de salud pública. Cuando sacamos nuestro "trance privado" a la luz, la adversidad deja de ser una carga individual para convertirse en un activo comunitario.
Es aquí donde ocurre la magia de la Sinergia: cuando yo comparto mi proceso, le doy permiso al que tengo al lado para que rompa su propio silencio. Al visibilizarnos, dejamos de ser islas aisladas para convertirnos en un archipiélago. Mi testimonio ayuda a otro, y el eco de la "tribu" (mis vecinos de Cieza, mis amigos de Mogente, mis compañeros de batalla) es el gran andamio que me sostiene a mí. En la resiliencia social, la suma de nuestras debilidades compartidas genera una fortaleza inesperada.
Una invitación a la Mesa
Este es el espíritu que nos mueve a organizar la mesa redonda "Enfrentar la adversidad: ¿trance privado o visibilidad social?" el próximo jueves 7 de mayo en la Biblioteca Padre Salmerón.
Allí estaré, no como el profesor que da una lección, sino como el escultor que comparte sus herramientas. Me acompañarán Matías, José y Jesús, valientes que también han decidido que su mármol sea público. Juntos, junto con el aval técnico de AECC y APENCI, demostraremos que la resiliencia no se construye en soledad.
Si sientes que tu carga es pesada, ven. Quizás descubras que, al compartirla, la figura que hay en tu interior empieza finalmente a emerger.
Porque la resiliencia también se construye compartiendo el proceso.
Detalles del evento:
Día: Jueves, 7 de mayo.
Hora: 19:30 h.
Lugar: Biblioteca Municipal Padre Salmerón, Cieza.
Entrada libre hasta completar aforo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario