Celebrar 45 años de vida de una institución deportiva no es solo repasar un palmarés; es rendir cuentas ante la historia. En este 2026, año de la efeméride, la verdadera magnitud del Club Athleo reside en tres hitos temporales que definen su existencia: el valor para empezar, la ambición para triunfar y la tenacidad inquebrantable para perdurar.
La proeza de empezar: el cincel de la voluntad
Hay que situarse en la Cieza de principios de los ochenta. En aquel entonces, apostar por el atletismo era un ejercicio de fe. Bajo la presidencia de Fernando Valenzuela y con un joven José Antonio Carrillo como secretario y motor, un grupo de valientes decidió abrir camino en una época donde el deporte no gozaba del apoyo institucional actual.
Aquellos pioneros, que entrenaban entre el polvo y la ilusión del Molino de Teodoro, se enfrentaron a la incomprensión social con la única fuerza de sus zapatillas. Ellos rompieron el hielo para que los que vinieran detrás encontraran el suelo firme. Fue en ese escenario, capturado en la nostalgia del blanco y negro de nuestra fotografía, donde nació una identidad que hoy es leyenda.
La resiliencia colectiva: el triunfo del espíritu sobre la materia
Desde la psicología y la neurociencia, el éxito del Athleo no es una anomalía estadística, sino el resultado de una resiliencia colectiva. El club ha logrado lo que el determinismo matemático habría calificado de imposible para una ciudad de nuestro tamaño. Esta proeza se sostiene sobre la figura del mentor, José Antonio Carrillo, quien actúa como un regulador emocional para sus atletas.
El mentor no solo enseña técnica; sincroniza el estado emocional del deportista con la exigencia del asfalto. Esta sinergia inquebrantable entre el guía, los atletas y la sociedad ciezana ha convertido al club en una fábrica de sueños cumplidos. Mantener este nivel de élite durante cuatro décadas y media requiere una estructura psicológica capaz de transformar la resistencia en combustible.
De la Tierra de Cieza al Podio del Mundo
Lo que vino después de aquellos inicios parece sacado de un guion cinematográfico. El Athleo colocó a Cieza en el mapa olímpico internacional. Figuras como Juanma Molina rompieron techos de cristal para las generaciones venideras , seguidos por la excelencia de Miguel Ángel López, Benjamín Sánchez y aquel primer hito internacional que marcó Fernando Vázquez en 1989.
Ese hilo invisible que une el pasado con el presente estalla hoy en color y gloria. La imagen reciente de Brasilia 2026 es la prueba fehaciente de esta continuidad: Manuel Bermúdez, el atleta que hoy lidera el relevo generacional, alzando la medalla de bronce mundial por equipos en el maratón de marcha. Manu representa la evolución de la especie Athleo; es el resultado de décadas de conocimiento acumulado, pasión inagotable y del esfuerzo de toda la familia.
Una metáfora visual: el sombrero que une épocas
La fotografía que acompaña estas líneas es una metáfora visual perfecta. En ella, la figura de Carrillo, con su icónico sombrero de paja, se erige como el puente entre los dos mundos. A un lado, la lucha fundacional en blanco y negro; al otro, el brillo metálico de los podios mundiales. Su presencia es la constante que da sentido a la historia; es el recordatorio de que la persistencia es, en sí misma, la victoria más brillante de todas.
El Athleo sigue siendo ese hogar donde se cincela el alma de los jóvenes de Cieza, mi pueblo. Tras casi medio siglo, el corazón del club sigue latiendo con la misma fuerza que el primer día.
Llamamiento a la juventud ciezana
Hoy, al mirar atrás, el orgullo no nace solo de las vitrinas llenas de trofeos. El legado del Athleo trasciende el deporte y se proyecta hacia cada joven que hoy camina por nuestras calles. Las tres proezas —empezar, triunfar y perdurar— están a vuestro alcance.
No os dejéis limitar por el entorno ni por los cálculos de lo posible. Seguid la estela de los que nos precedieron, pues como bien dice siempre nuestro maestro, José Antonio Carrillo, a cada uno de vosotros: "Lo mejor está por llegar".

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