I. El Mirador del Buen Suceso: La belleza en su conjunto
Hay momentos que funcionan como un espejo de alta definición. Recientemente, el equipo de "Xino Xano Ibèric" (À Punt) plantó sus cámaras en el mirador del Santuario de la Virgen del Buen Suceso. Considero que este enclave es la llave maestra para entender Cieza: desde allí, la belleza se despliega en su conjunto, ofreciendo una panorámica donde la piedra, la historia y el verdor de la huerta se funden en un solo abrazo. Desde esa atalaya, mientras la luz bañaba el valle, sentí que las piezas de mi puzle vital encajaban con una precisión asombrosa.
En el vídeo también participa mi paisano José Eduardo, otro valenciano que, como yo, decidió hace años que su vida encontraría su mejor cauce aquí. Es un orgullo ver cómo ambos, desde nuestras respectivas vivencias, actuamos como anfitriones de esta tierra. Ver a mi pueblo proyectado hacia las pantallas de mi Valencia natal desde ese balcón privilegiado ha sido un ejercicio de gratitud profunda.
II. El Agua: Un contraste de caudales y una misma huerta
Observar el discurrir del río Segura desde la orilla es, para mí, un reencuentro constante con mi propia historia, aunque marcada por un contraste evidente. Mi memoria me devuelve al río Cañoles a su paso por Mogente; un río prácticamente seco la mayor parte del año, un hilo de agua humilde que, sin embargo, lograba el prodigio de regar una frondosa huerta.
Al llegar a Cieza, ese recuerdo choca con la vitalidad del Segura, caudaloso y lleno de fuerza, que nutre con generosidad una despensa verde aún más vasta. Pero, a pesar de la diferencia de caudal, el espíritu es el mismo: el agua como fuente de vida. Aquel niño que en 1964 dejó atrás la sobriedad del Cañoles reconoce hoy en la abundancia del Segura el mismo mensaje de esfuerzo. Esta conexión me permite explicar nuestra tierra no solo como un paisaje, sino como una continuidad vital: la diversidad de los territorios no nos separa, sino que suma capas de significado a nuestra existencia.
III. Siyasa, el Esparto y el Manjar: Donde 2+2 siempre son 5
La identidad de Cieza no solo se riega, también se hereda y se trenza. En el Museo Siyasa, el equipo de televisión pudo maravillarse con la reconstrucción de las casas andalusíes, el origen de nuestra hospitalidad. Una cultura que se complementa con el legado del esparto, fibra que ha sido el alma de este pueblo y que conecta directamente con la cultura del esfuerzo de mis raíces mediterráneas.
Como broche final, la visita a la confitería Las Delicias. Allí, Joaquín nos mostró cómo la hospitalidad se transforma en arte. Verle elaborar el Manjar de Cieza es presenciar la sinergia en estado vivo. En ese gesto de compartir un sabor se cumple mi máxima de que, en lo humano, 2+2 son 5. Cuando la maestría técnica de Joaquín y la historia de Siyasa se mezclan con la pasión por la propia identidad, el resultado es algo exponencial que trasciende lo material.
IV. Conclusión: Un Legado que Florece
He pasado gran parte de mi vida transitando del candil de mi niñez a la bombilla de mi madurez. Salí de Mogente con ocho años para echar raíces en este enclave de luz donde hoy tengo a mis amigos, mi familia y mi pareja.
Hoy miro a mi alrededor con la satisfacción del que sabe que el orgullo por nuestras raíces es la semilla de la felicidad. Cieza es mi casa y es, con un afecto que me desborda, mi pueblo. A mis paisanos de Valencia solo puedo decirles: asomaos al mirador del Buen Suceso, dejaos empapar por la magia del Segura y permitid que la hospitalidad ciezana os cuente su propia historia.
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