Mañana, 21 de marzo, el mundo se detiene oficialmente para celebrar el Día Mundial de la Poesía. Han pasado ya 27 años desde que la UNESCO decidió proteger la palabra rítmica y profunda, y sin embargo, hoy nos preguntamos con cierta amargura: ¿qué lugar ocupa un verso en un mundo fracturado por la guerra, la erosión de los valores y la ausencia de referentes morales claros?
Vivimos en una era de determinismo frío, donde parece que solo lo que se cuenta, se mide o se consume tiene valor. En este desierto de inmediatez y ruido digital, la pérdida de brújulas éticas nos ha dejado huérfanos de modelos a seguir. Pero es precisamente en este escenario de "tiempos áridos" donde la poesía reclama su vigencia más absoluta. La poesía no es un adorno; es el testimonio más puro de nuestra dignidad y la capacidad de crear belleza allí donde otros solo ven escombro.
El referente en la cercanía
Frente a esa orfandad de grandes figuras globales, surge la necesidad de mirar a nuestro lado, a la raíz. En Cieza, esa vigencia de la poesía tiene un nombre propio que aglutina voluntades y da sentido a la palabra "tribu": Ángel Almela Valchs.
Ángel no es solo un poeta de métrica y rima; es un referente vital. En él, la poesía se manifiesta en su significado más genuino: la capacidad de acariciar el mundo con una sensibilidad única y una coherencia inquebrantable entre lo que se escribe y lo que se vive. Su figura nos recuerda que la verdadera vanguardia no está en el grito, sino en la "sabiduría serena" y en la "calma infinita" de quien sabe escuchar.
Una simbiosis de vida y tierra
La trayectoria de Ángel, ligada indisolublemente a Cieza, mi pueblo y al colectivo La Sierpe y el Laúd, es el ejemplo perfecto de sinergia. Mientras el mundo se deshumaniza, Ángel ha dedicado su vida a construir "andamios" culturales, a ser ese faro que durante la Transición y hasta hoy, ha defendido la libertad de expresión y la nobleza del espíritu.
Admirar a Ángel Almela es admirar la posibilidad de que el ser humano sea, por encima de todo, bueno y generoso. Su obra es un espejo de su alma, y su presencia en nuestras calles —como profesor, como amigo, como padre— es el elixir que cura esa sensación de vacío moral que a veces nos embarga.
El mañana de la palabra
En este 27º aniversario, reivindicar la poesía es reivindicar a personas como Ángel. Él nos enseña que, aunque las matemáticas expliquen la materia, solo la poesía explica el misterio del amor y la esperanza.
Mañana, cuando el sol de marzo ilumine Cieza, recordemos que la poesía sigue viva porque hay hombres que, con su sencillez y su luz, se niegan a dejar que la oscuridad gane la partida. Ángel Almela es, para muchos de nosotros, ese pilar moral indispensable: el recordatorio de que la belleza y la bondad siguen siendo el norte de nuestra comunidad.
