sábado, 21 de febrero de 2026

EL BALCÓN DEL MURO DE CIEZA Y EL ARTE DE LA PERSPECTIVA

 

El Balcón del Muro es, para mí y para muchos que hacemos vida en Cieza,
mucho más que un mirador. Es
el lugar donde el verdadero sentido se encuentra en la libertad de elegir lo que queremos mirar. No importa cuán sólida sea la estructura que nos sostiene; la fuerza de este espacio reside en la perspectiva que nos regala. Es la evidencia de que el apoyo no es un refugio, sino un trampolín para la visión. Cada vez que me asomo, siento esa bocanada de aire limpio que me recuerda que la mejor perspectiva comienza con el primer aliento de libertad.


La belleza del entorno


Este Balcón es, en esencia, nuestro gran andamio de piedra.


Me permite contemplar la belleza de nuestra huerta y lo que siento que es la auténtica puerta de entrada al Valle de Ricote. Es un lugar donde la urgencia se detiene: la prisa de la calle se evapora y la conversación se hace lenta y profunda. Al apoyar las manos en su piedra sólida, mi cuerpo siente el alivio de la pausa, y el murmullo del río al fondo me ancla en un presente sin agobios.


Su mayor riqueza es su doble perspectiva: me encanta visitarlo a solas, usándolo como el refugio perfecto para el sosiego y la paz individual. Pero, a la vez, me emociona verlo lleno de gente en las Fiestas del Escudo, en eventos culturales o en presentaciones de libros. Es un muro que, en lugar de dividir, nos une bajo una misma línea de horizonte. Está lleno de vida en el silencio, y con alma colectiva cuando rebosa de gente.


Desde aquí, contemplo el pasado (la Herencia de Medina Siyasa) y dibujo el futuro. La solidez de esta pared sirve siempre para elevar mi mirada y no para limitar el horizonte. Es un entorno que me regala el silencio necesario para que el alma hable.


La paz y el sosiego del alma


El Balcón del Muro se convierte en una herramienta de sentido para cualquiera que, como yo, haya tenido que afrontar una crisis vital. La vida, a menudo, nos deja atrapados dentro del problema, mirando solo a nuestros propios pies. El Balcón, con su perspectiva inigualable, me recuerda una verdad psicológica fundamental: para resolver un conflicto, es imperativo alejarse y tomar distancia.


Mi propia experiencia me ha enseñado que el muro de la ataxia no debe ser una prisión, sino la estructura sobre la cual se construye el balcón de la conciencia. Este rincón me recuerda que el propósito no se encuentra luchando contra la piedra, sino usándola para ganar una perspectiva más elevada. La tribu social que encontramos aquí tiene esa misma función: sostenernos no para que no caigamos, sino para que podamos ver más allá de nuestra propia dificultad.


Respirar la libertad


El Balcón del Muro es la prueba de que el legado de Cieza es más fuerte que sus cimientos.
La vida solo cobra sentido cuando elegimos transformar nuestros muros en balcones, porque la verdadera fuerza no reside en la piedra, sino en la libertad de la perspectiva.

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