Ayer tarde, la Biblioteca Padre Salmerón de Cieza se convirtió en un espacio de memoria viva, justicia y compromiso. Bajo el amparo del Foro por el Pensamiento y el Diálogo, nos reunimos para escuchar, de primera mano, la realidad actual de un pueblo que se niega a ser invisible: el pueblo saharaui. Conducido por la impecable presentación de Fabián Muñoz Ortega, el acto contó con las valiosas intervenciones de Joaquín Sánchez, quien acababa de regresar de los campamentos, y de Omar Brahim Brahim, delegado saharaui en la Región de Murcia.
El espejo del tiempo: la Hamada no cambia
Al escucharlos, no pude evitar que la memoria me llevara de vuelta a las dos ocasiones en que crucé la Hamada argelina para pisar los campamentos de Tinduf, primero en 2006 y luego en 2009. La constatación física de ayer fue demoledora: a pesar de las décadas transcurridas, y de que el tablero geopolítico internacional ha cambiado profundamente por intereses económicos y estratégicos espurios, la situación sobre la arena del desierto sigue siendo idéntica. El tiempo parece haberse congelado cruelmente para miles de familias en una espera impuesta que ya dura cincuenta años.
"Mientras el mundo se mueve por conveniencias, el reloj del pueblo saharaui sigue detenido en la arena, suspendido en una eterna espera que desafía a la historia."
Las claves de un milagro: organización y soberanía
Sin embargo, frente a esa intemperie política, lo que Joaquín y Omar compartieron con nosotros no fue un relato de derrota, sino una impresionante lección de grandeza humana. ¿Cómo se explica que un pueblo soporte medio siglo de exilio en uno de los lugares más inhóspitos del planeta sin desmoronarse?
La respuesta está en sus andamios colectivos, estructurados como un verdadero país en el exilio:
Conciencia de Estado: No son meros refugiados que aguardan asistencia pasiva; son ciudadanos de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).
Estructura territorial: Los campamentos están perfectamente organizados en wilayas (provincias) y dairas (municipios), manteniendo viva la geografía de su patria usurpada.
Gestión comunitaria: Cuentan con un tejido asociativo horizontal, donde los comités —liderados de forma admirable por las mujeres— gestionan de forma ejemplar la salud, la alimentación y la convivencia diaria con un orgullo e integridad inquebrantables.
La educación como trinchera y fuerza vital
Quizás la clave de bóveda de su perseverancia e inquebrantable resistencia esté en el valor sagrado que otorgan a la educación. Considerada la base de todo, la escuela en los campamentos es el canal a través del cual se inocula la fuerza vital y la resistencia pacífica. En unas condiciones donde les han arrebatado casi todo lo material, el conocimiento, la identidad y los valores son lo único que nadie les puede quitar. Es una educación que salva a las nuevas generaciones del analfabetismo y, sobre todo, de la frustración destructiva, transformando el dolor en razones universales y compartidas.
Llamada urgente a la acción: reconstruir el andamio de la solidaridad
Pero la crónica de lo sucedido ayer en Cieza quedaría incompleta si la dejamos solo en el aplauso a su resiliencia. El debate con el público encendió una chispa necesaria que debe transformarse en una llamada urgente a la acción.
Frente a la fría hipocresía institucional que da la espalda a los derechos del Sáhara Occidental, la sociedad civil española no puede ponerse de perfil. Hoy, el pueblo saharaui se enfrenta a una urgencia tridimensional:
Comprensión: Ante su legítima y justa causa histórica.
Solidaridad política: Para romper el aislamiento internacional.
Recursos materiales: De manera muy pragmática, para subsistir con dignidad frente al desabastecimiento actual.
Para movilizar todo esto, es vital recuperar la movilización social a través de un movimiento asociativo fuerte, estable y coordinado. Es una llamada directa a reconstruir el tejido social en cada pueblo, en cada barrio de Cieza.
Pero es, muy especialmente, una interpelación a quienes tuvimos un protagonismo especial en el fomento de la solidaridad organizada hace años: es hora de que la veteranía, la memoria histórica y la experiencia asociativa vuelvan a dar un paso al frente para reimpulsar este movimiento, aportando el andamio necesario para que las nuevas generaciones recojan el testigo.
El pueblo saharaui resiste sobre la arena enseñándonos el verdadero significado de la palabra dignidad. A nosotros nos toca responder desde la cercanía de nuestras plazas y asociaciones, demostrando que la solidaridad real no entiende de olvidos geopolíticos.

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