El pasado jueves, las paredes del Museo Siyâsa en mi pueblo, Cieza, fueron testigos de algo más que una lección de neurociencia. Salvador Martínez Pérez, con la autoridad que dan décadas de estudio y la cercanía del que sabe que el conocimiento es para la vida, puso sobre la mesa una verdad que sacudió mis cimientos: el cerebro no se apaga con los años por ley biológica, sino que responde a la falta de retos.
Esta revelación fue posible gracias a la impecable organización del Foro por el Pensamiento y el Diálogo. Quiero expresar mi más profunda gratitud al Foro por promover actividades de esta naturaleza, que no solo nos instruyen, sino que nos dotan de herramientas críticas para enfrentar el paso del tiempo con dignidad. Es en estos espacios de encuentro donde la comunidad se fortalece y se generan las sinergias que nos permiten avanzar.
Escuchar a Salvador fue, para mí, como ver el "candil" de mis convicciones personales convertirse en una "bombilla" de alta potencia avalada por datos científicos. La idea central es demoledora y esperanzadora a partes iguales: el deterioro cognitivo es, en gran medida, una renuncia anticipada.
La Trampa del "Agente Jubilador"
Durante la charla —momento que capturé con mi cámara y que ilustra estas palabras— quedó claro que el entorno actúa a menudo como un agente jubilador silencioso. La sociedad, cargada de prejuicios sobre la edad o la diversidad funcional, deja de exigirnos, de darnos responsabilidades y de proponernos desafíos.
Y el cerebro, que es la máquina de adaptación más perfecta que existe, simplemente obedece. Como un músculo que se atrofia por falta de uso, si no se le pide nada, se reorganiza para la inactividad. Es la profecía autocumplida del declive que debemos combatir.
Sinergia contra determinismo: el "2 + 2 = 5"
Aquí es donde entra mi convicción profunda, reforzada por la ciencia: existe una interacción dinámica entre nuestra biología y nuestra voluntad. No somos víctimas pasivas de nuestro DNI biológico ni de un diagnóstico como la ataxia SCA36. Si el entorno intenta apagarnos, nuestra respuesta activa —esa voluntad de seguir aprendiendo y de marcarnos retos que podemos cumplir— obliga a nuestras neuronas a seguir tejiendo redes de resistencia.
Siempre he rechazado el determinismo matemático en lo humano. Mientras que en la materia pura 2 + 2 son 4, en el espíritu y en la Tribu, la sinergia y el afecto hacen que la suma sea siempre exponencial. Un cerebro conectado, que se siente útil y valorado por entidades como el Foro y por sus propios vecinos, es un cerebro que se resiste a la jubilación biológica.
El Elixir: un compromiso con la curiosidad
Salí del museo con una certeza renovada: debemos abandonar los prejuicios sociales. Los retos que nos marcamos deben ser posibles, sí, pero deben seguir siendo retos. No se trata de "forzar la mente" de forma agónica, sino de alimentarla con la curiosidad de quien sabe que su viaje no ha terminado.
Mi salud, mi memoria y mi capacidad de seguir siendo yo mismo dependen de esa danza constante con el entorno. La ataxia puede ser la veta dura del mármol, pero gracias a encuentros como este, mi cincel está más afilado que nunca.
No voy a permitir que el entorno decida por mí cuándo empieza el invierno.
Este artículo se fundamenta en mi segundo relato: 'Vivir con ataxia: el alma cincelada' (https://amzn.to/3V7J2lb). A través de la Doble Perspectiva (ciencia y experiencia), ilustro cómo la adversidad es el proceso del Non Finito, donde el Escultor utiliza la voluntad y el Andamio de su tribu para alcanzar la Plenitud.

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